SOÑANDO CON ASCENSOS

Pablo Caballero Payán @pablocpayan Anda todo el beticismo inmerso en el debate sobre la continuidad o no de Quique Setién al frente del banquillo verdiblanco e impaciente por que comience la pretemporada para volver a cargar las pilas de la ilusión y todavía se está jugando la entidad de Heliópolis dos ascensos importantísimos: el del Betis Deportivo a Segunda B y el del Betis Futsal a la Primera División de fútbol sala.

El filial bético se la juega en Ceuta donde le espera una encerrona. Desde la ciudad autónoma ya han empezado a calentar el ambiente denunciando un intento de soborno por parte de un ex jugador de ambos equipos. Este hecho ha sido categóricamente negado por el Real Betis, que se declara ajeno a tal intento. Personalmente creo que se trata de una estrategia del club ceutí para crispar y enrarecer el partido. Ojala que los chicos de José Juan Romero sepan aislarse de toda esta situación y sean capaces de lograr clasificarse para los playoff de ascenso tras una temporada difícil.

Y por otra parte, esta noche a partir de las 20:00 horas, el Real Betis Futsal tiene la primera oportunidad para clasificarse para la eliminatoria final de la Fase de Ascenso a la máxima categoría del fútbol sala nacional si derrota hoy o el domingo al Córdoba CF Futsal. El conjunto de Daniel Ibañes, que terminó la liga regular como segundo clasificado, es el máximo favorito para lograr el ascenso. De lograrse, el Real Betis Balompié sería, junto al FC Barcelona, la única entidad deportiva de España que tiene representación en la primera división de fútbol masculino y femenino, fútbol sala y baloncesto.

La entrada para el partido de esta noche es gratuita, previa retirada de la misma, y se espera un gran ambiente en el Pabellón de San Pablo. Precisamente esta instalación deportiva fue noticia el pasado miércoles en las páginas de Diario de Sevilla, donde se ponía de manifiesto la necesidad que existe para remodelar un pabellón que tendrá muchas dificultades para albergar la temporada que viene los partidos de la ACB y de la LNFS, en caso de que el Real Betis Futsal ascienda. Hasta ahora, el equipo de fútbol sala jugaba en el Pabellón de Amate, pero allí es imposible disputar partidos de la máxima categoría.

Esperemos que esas dificultades se resuelvan cuanto antes. Sería buena señal porque, aparte de las mejoras necesarias de las instalaciones de San Pablo, supondría la confirmación del ascenso del Betis Futsal. Todo esto me lleva pensar que lo idóneo sería contar con una instalación propia en la nueva ciudad deportiva que el Real Betis presentó recientemente. Se habla de que eso conllevaría un aumento en el coste de la obra. Habría que estudiar la viabilidad de ese incremento de precio y si se puede asumir, pero una cosa está clara: el crecimiento de la entidad verdiblanca es un hecho.

Foto de Portada: @RealBetisFS

GANO Y PIERDO CONTIGO

JJ Barquín @barquin_julio La semana pasada me llegó al móvil una interesante reflexión del gran Perico Delgado. Recapacitaba sobre las enseñanzas que les estamos transmitiendo a los más jóvenes en esta sociedad. Vivimos en una comunidad donde solamente se valora el éxito, la victoria. Poco importa el trabajo, el sacrificio, el esfuerzo personal. O ganas o no vales. El segoviano recomendaba que debiéramos enseñar a perder, fundamentalmente porque es lo que ocurre con más frecuencia en la vida. Estamos criando y alimentando a una sociedad de mentira, virtual, de jóvenes que viven en una burbuja y de mayores con el horizonte perdido.

Esa puede ser una de las causas de la situación de ira, fastidio, malestar, de colera colectiva que se está apoderando del Villamarín en los últimos tiempos. Las gradas están llenas de béticos que confunden la exigencia con la obligación. Y eso es mal asunto. Todos queremos un Betis fuerte y grande, con buenos jugadores y que consiga grandes triunfos deportivos. Pero todo proyecto lleva su parte de tiempo, de paciencia y de unión. E, incluso así, puede que no se obtenga el éxito.

En este contexto, quien escribe se sintió siempre orgulloso de pertenecer al único club del mundo que tiene un slogan que hace referencia a la pérdida. Como decía el Catedrático de Lengua y Literatura y gran bético, José María Pérez Orozco el Betis es el único equipo en el universo que tiene un arcaísmo en su slogan y que hace mención a un concepto inusual en el mundo del deporte, la anti competitividad. El fútbol es una cosa y el Betis otra.

Mi pertenencia a las trece barras viene, como la gran mayoría de béticos, por las influencias familiares. Y estos me enseñaron que el Betis estaba por encima de los entrenadores, jugadores, directivos. Incluso de las derrotas y, por supuesto, de las victorias. Que al Betis se le quería más cuando peor se ponían las cosas, cuando el pozo se hacía más profundo, cuando el abismo estaba más cerca. Que lo fácil era estar en los buenos momentos pero que lo difícil era seguir queriéndolo cuando la balanza de derrotas es siempre mayor que la de victorias.

Será por eso por lo que ahora siempre veo la balanza más llena que vacía. Porque he visto plantillas peores, temporadas nefastas, directivos incapaces, instalaciones mejorables, etc. Será por eso que ahora entiendo que no ha sido la mejor temporada pero que es un paso necesario para seguir construyendo un proyecto que nos puede llevar lejos. Por eso no critico a mis jugadores, no los ridiculizo a mi capitán; no desprecio a mi entrenador, no me burlo de los técnicos, no pongo a parir a los dirigentes. Y, por supuesto, apoyo a mi equipo por encima de todos y de todo. Gano y pierdo contigo.

Decía hace poco Jon Pascua que el secreto de la felicidad, si es que existe, es tener grandes sueños, expectativas moderadas y necesidades pequeñas. Y resume perfectamente mi identidad con el sentimiento verdiblanco. Yo con el Betis siempre tengo inmensos sueños, prudentes esperanzas y muy pocas necesidades, pues con pertenecer a él ya tengo bastante. Lo demás vendrá seguro, si es que viene.

Foto: Onda Bética

 

PASAN LOS AÑOS CON DESENGAÑOS E ILUSIONES

Pablo Caballero Payán @pablocpayan Mi paisano Romero Sanjuán compuso las preciosas sevillanas de Pasa la Vida y en la cuarta hay una estrofa certera, contundente y real como la vida misma:

Pasan los años
Pasa la vida
Con su triste carga de desengaños
Pasa la vida
Con su triste carga de desengaños

Los béticos, por desgracia, sabemos de desengaños amargos como pocas aficiones en el mundo. Utilizando nuevamente una letra de unas sevillanas (de Manuel Pareja-Obregón), que para eso estamos en plena Feria de Abril, podemos afirmar que los béticos tenemos el corazón forjao a golpe de sufrimiento.

Pero también los béticos somos maestros en ilusionarnos, en hacer de tripas corazón y pensar que saldremos adelante. Solo así se entiende que sigamos siendo fieles a un escudo y a unos colores que nos han dado más penas que glorias. Y esto lo podemos enlazar con otras sevillanas, en este caso de Los Romeros de La Puebla:

Fantasía
Hay que estrenar ilusión
Cada día
Y echarle imaginación
A las cosas de la vía

Creo que nadie sería capaz de rebatirme que estas estrofas y frases de nuestro folklore nos vienen como anillo al dedo para la historia del Real Betis Balompié y su afición en general y para un hecho en particular del que hoy se cumple un cuarto de siglo: el ascenso logrado en Burgos el 8 de mayo de 1994.

Han pasado veinticinco años de desengaños, ilusiones, fantasía y sufrimiento. Incluso esa temporada reunió todas esas cosas. La ilusión de volver a Primera tras tres temporadas en Segunda; la fantasía inimaginable de eliminar en el Camp Nou al FC Barcelona de Johan Cruyff; y el desengaño y el sufrimiento de ver cómo el retorno a la máxima categoría era una quimera tras perder 2-0 en el Salto del Caballo ante el CD Toledo el 27 de febrero de 1994.

Y en solo dos meses, otra vez apareció la ilusión, la fantasía, la alegría y la felicidad. Llegó Lorenzo Serra Ferrer y convirtió lo imposible en posible. Resucitó a una plantilla muerta y la convirtió en un equipo de fútbol solvente y eficaz. Es de justicia divina recordar hoy a aquellos héroes verdiblancos que lograron llenar de felicidad a todos los béticos. Gracias.

 

DUELE

JJ Barquín @barquin_julio Cuesta escribir sobre el Betis en estos momentos. Duele ver la guerra civil que se ha instalado en el Villamarín. Los que ya pasamos del medio siglo de vida no estamos preparados para coexistir con esta situación. Hemos vivido otro Betis. Nacimos en el manquepierda y en el amor infinito a unos colores, a una camiseta, a una forma de ser y sentir. Lo que vemos ahora no responde a nuestra idea de club. Por lo menos, a la idea que me enseñaron desde la cima de aquella barandilla verde y roída de Gol Sur.

Muchos dicen de que el Betis ni es peor, ni mejor sino distinto. No comulgo con esta idea. Sobre todo, porque la reflexión contiene una evidencia: todo es distinto con el paso de los años. Pero esos cambios pueden ir a mejor o a peor. En el caso del Betis y su afición, creo que han ido a peor. Lamento decirlo, pero es lo que siento. Siempre ha habido reproches, protestas y grandes broncas al césped y al palco. Pero eran situaciones puntuales. Ahora, lo inusual se ha convertido en habitual, en norma. Incluso en una bandera que muchos llevan a gala como si fuera una medalla heredada de cierta parte ominosa de la ciudad.

Por supuesto, que estamos ante una temporada que se ha diluido como un azucarillo pero no es ni de largo de las peores de la historia del club. Hemos vivido momentos de penurias económicas, de plantillas horrendas y descensos bochornosos. Y siempre permanecimos unidos. Esos malos momentos nos sirvieron para querer más al club, para arrimar más el hombro, para sentir más profundamente las trece barras de ese escudo. Por eso no se entiende esta beligerancia social en la que vivimos a diario.

Sería muy interesante hacer un estudio sociológico para intentar entender lo que está pasando por Heliópolis. Hemos pasado del cielo al infierno en meses. Hemos pasado de invadir Milán a pitar el himno en nuestro propio estadio. ¿Cómo es posible asistir a tan diferentes hechos en tan breve espacio de tiempo? El cielo y el infierno en meses.

Y todo lo centramos en esta temporada, pero la cosa viene de un tiempo atrás. Parece que Setién ha encendido la llama de las hostilidades y la contienda, pero la hemeroteca nos demuestra que el mal ambiente viene de más atrás. Así se expresaba un entrenador no hace mucho: “el único lugar donde no me salieron las cosas fue en el Betis. Aquello era una locura. En el primer partido en casa, empatamos a cero y al final la gente nos pitó como si hubiéramos perdido 10-0. Recordaba el Villamarín de mi etapa de jugador y creí que era más agradecido”.

Se ha pitado hasta la asistencia de público en varios partidos. Por pitar se ha pitado lo más sagrado del club, el himno. Exigencia lo llaman algunos, muchos. Pérdida de identidad lo llamo yo. Puede que sea la opinión de un trasnochado, pero es lo que he mamado desde pequeño. Siempre me enseñaron a seguir de pie por muy grande que fuese la caída, a quererlo con delirio por muy malos que fueran los resultados, a amarlo con infinita locura pasara lo que pasara, a defenderlo con la pasión de aquellos que iban a los campos de tercera a gritar Betis, Betis, Betis.

 

 

 

 

 

GRITOS

Manuel Gordo @ManuelJGordo Es obvio que algo pasa en el Betis. Gran parte de la afición verdiblanca se ha cansado y grita en la grada, discute en las tertulias, en el trabajo y en la calle, dispara sin piedad en las redes sociales porque no le perdona al equipo su dejadez y su falta de capacidad de reacción, ya demostrada anteriormente, ni al entrenador que no sea capaz de revertir la situación.

¿Lo fácil? Volverse a cargar un proyecto a largo plazo, sin valorar y sopesar lo conseguido tras muchos años de vagar por el desierto, y ofrecer en bandeja la cabeza de Quique Setién. Colocar a Alexis serviría para capear el temporal, evitar los gritos el próximo lunes frente al Espanyol y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, tapar las carencias de la plantilla confeccionada por Lorenzo Serra Ferrer, a quien parece que hay cierto temor en criticar o se hace de manera muy velada, y que tiene mucho que ver en estas lagunas que atesora el Betis.

Los aficionados llevan semanas pidiendo a gritos la dimisión o el cese de Quique Setién y parece que es algo que se lleva en los genes. Porque aquí se la ha gritado, por citar sólo a algunos entrenadores ya que hay otros que darían para escribir y hablar varios días, a Ferenc Szusza, Rafael Iriondo, García Traid, Pepe Alzate, Antal Dunai, Eusebio Ríos, Julio Cardeñosa, José Ramón Esnaola, Sergio Kresic, Fernando Vázquez, Javier Irureta, Juan Carlos Garrido, Gabriel Humberto Calderón, Julio Velázquez, Pepe Mel o Víctor Sánchez del Amo. Y también se le ha dicho de todo, menos bonito, a Lorenzo Serra Ferrer.

Hay muchos que sueñan con la vuelta al banquillo del idolatrado Serra, evocando la casta de aquellas temporadas brillantes y esa final de Copa del Rey ganada en 2005 a Osasuna. Eso sí, es bueno recordar, como ya he dicho antes, que el balear también fue objeto de las críticas y de los gritos de la grada cuando en la temporada 2005-06 dejó al Real Betis Balompié en el puesto 14 en Liga, no superó la liguilla de Champions League y cayó eliminado en octavos de final de la Copa UEFA frente al Steaua Bucarest.

El Betis lleva sufriendo la descomposición de su plantilla, y posterior recomposición con nuevos jugadores, desde hace años. Cuando en la época, de no muy grato recuerdo a pesar de los acuerdos judiciales, de Manuel Ruiz de Lopera se habló de contratar a Marcelino García Toral como técnico y que éste había pedido desprenderse de unos 15 jugadores, traer otros tantos fichajes, entre ellos el de Santi Cazorla y comenzar un proyecto a largo plazo. Como fue habitual en su época, Lopera le dijo que sí y después que no, por lo que Marcelino se fue al Racing de Santander y aquí vino Cúper, cesado en la jornada 14 siendo Chaparro quien lo sustituyó.

¿Cuántos jugadores se han ido y han venido cada año? ¿Cuántos entrenadores? ¿Cuántos proyectos se han iniciado y se han ido al traste? Que alce la mano el bético que no quiere que su equipo gane hasta en los entrenamientos, el que no está dolido y hastiado de las derrotas, de las palabras que no concuerdan con los hechos, que lo haga. No veo ninguna. Pero antes de volver a desgañitarse pidiendo el cese de Setién, no olvidemos que hace muchos años que el Betis no ha tenido un sello tan personal ni tan reconocible, siendo capaz de logros impensables en otras temporadas. Y no voy a hablar de las victorias en Madrid, Barcelona o Milán, sino de la imagen ofrecida en Nervión, a donde el equipo salía sentenciado desde el autobús haciendo el ridículo permanentemente.

Creo que Haro y Catalán saben perfectamente lo que quieren y son los primeros en desear lo mejor para el club y para los aficionados, pero hay que dejarlos trabajar. Si elegimos a nuestros políticos cada cuatro años, ¿por qué hay que cambiar a un entrenador que tiene al equipo en mitad de la tabla a 6 puntos del objetivo? Serra debería parafrasearse a sí mismo cuando dijo aquello de: “El Betis será lo que quiera Don Manuel”. Que lo medite ya que él ha vivido en sus propias carnes esta situación. Canales nos recordaba que no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos, tal vez dentro de unos meses estemos añorando el regreso de Setién si es que se va. Ojalá se revierta la situación y se quede en Sevilla tantos años como Arsène Wenger en el Arsenal con los mismos logros deportivos.

Hace un par de semanas coincidí con un buen amigo que estaba con un jugador del Betis. Me lo presentó y comenzamos a charlar. Mi deformación profesional me hizo indagar en algunos temas que, obviamente y porque así lo prometí, no voy a desvelar. Sólo destacaré algo que me respondió al cuestionarle sobre Setién: “Estamos a muerte con él. Su idea del fútbol nos ha dado muy buenos resultados y nos la volverá a dar”. Posteriormente hablé con mi amigo y me comentó que lo que me dijo sobre Setién fue cierto y no por quedar bien o por temor a la filtración.

No obstante, mi querido Julio Barquín me hacía ver cómo la actitud del equipo el miércoles en el Ciudad de Levante recordaba a esa debacle del pasado año en Las Palmas. ¿Que los jugadores quieren “cargarse” al entrenador? Cuando se visitó esta temporada Madrid para medirse ante el Atlético en el Wanda Metropolitano, el representante de un jugador de peso en el Betis se dedicó a filtrar a la prensa que la plantilla no estaba con el míster. Curiosamente, este señor también es representante de otro que no estaba jugando en ese momento. Y como eso, todo. ¿O es que si mañana se sienta en el banquillo Fulanito de Tal el jugador que esta Semana Santa fumaba como un cosaco en el centro de Sevilla va a dejar ese mal hábito? ¿Hará lo propio quien se toma más copas de la cuenta y trasnocha? Son profesionales y deben saber sus obligaciones, deben responder al club que les paga, a la afición que los lleva en volandas y, fundamentalmente, tienen que demostrar sentirse orgullosos de defender el escudo del Real Betis Balompié.

Podría extenderme mucho más pero ya con lo expuesto servirá para que me critiquen inquisitorialmente por defender, según su criterio, lo indefendible. Esos mismo que mañana volverán a gritar al que venga, se llame Javi Gracia, Pellegrini, Mourinho, Roberto Martínez, Jurgen Klopp o Guardiola. Y cito nombres impensables en la gran mayoría de casos, no porque el Betis no sea un proyecto brillante y atractivo, que lo es indudablemente, sino por la cuestión económica, ya que hablar de Abelardo, Unzué, Bordalás, Pizzi o Solari sería para comenzar a miccionar y no echar gota.

GOLES Y AMORES

JJ Barquín @barquin_julio Desde hace unas semanas, los béticos no paramos de repetir una frase: “si tuviéramos un delantero de verdad, otro gallo nos cantaría”. Y es la pura verdad. Algún pérfido dirá que son sensaciones. Si lo prefieren, pasemos a los datos. El Betis es el 6º equipo de toda la liga que más remata. El Betis es el 2º equipo de la liga con menos goles. Sensaciones y datos confluyen, convergen. Llegamos, rematamos, pero no vemos puerta. Ese es el resumen del último tramo y, yo diría, de toda la liga que estamos viviendo los béticos. Es el resumen del resumen. El santo grial del Betis 2018-2019.

Si pensamos en la presente campaña y la comparamos con la pasada, la diferencia se encuentra en la delantera. Puede que el equipo de Setién esté algo más espeso en la creación y tenga menos chispa en el movimiento de balón, pero la gran diferencia es la participación de los delanteros. Por poner un sencillo ejemplo, el año pasado los tres delanteros aportaron cinco goles de la jornada 28 a la 33, mientras que este año -en ese mismo periodo- han aportado un solo gol. Realidad pura y dura.

Igualmente, el año pasado en ese mismo periodo, Junior se destapó como goleador y aportó puntos con sus dos goles. Este año ese testigo lo ha recogido Lo Celso que en ese periodo han mantenido vivo al equipo con sus 4 goles. De hecho, el argentino lleva entre Liga, Copa y Europa los mismos goles (16), que los que suman los cuatro delanteros (Loren, León, Jesé y Tello). Caso aparte sería Sanabria que en 23 partidos en las tres competiciones hizo 6 goles y que salió en el mercado invernal hacia Italia. Alguien tendría que explicar su salida para traer a Jesé.

Otro aspecto para analizar lo que está sucediendo en este tramo de liga, lo debemos buscar a finales de febrero. La eliminación de la competición europea y copera en menos de siete días ha hecho mucho daño moral y anímico en la plantilla. De hecho, desde el día de Andalucía, se han jugado ocho partidos de los que solamente se han ganado dos, empatado uno y perdido cinco. No es que el equipo se haya caído, como muchos piensan, pero conviene recordar aquella frase de Valdano que decía que el fútbol es un estado de ánimo y el del Betis desde ese día no es el más recomendable.

Sigo pensando que los profesionales del club deberán valorar a Setién y su cuerpo técnico cuando finalice la liga. Será el momento de analizar, comparar, reflexionar y tomar decisiones. Ahora no es momento de cambiar nada, sino de seguir apoyando al club, al Betis. Ese es el que importa, el que nos debe preocupar, por el que todos debemos mirar. Tarde o temprano, Setién, Serra, Haro como tantos otros pasarán, y quedaremos los béticos para seguir manteniendo las trece barras, para seguir arrimando el hombro y para seguir escribiendo la historia de un club que tiene como premio más grande llevarlo en el corazón.

SOMOS BETIS. HAGÁMOS BETIS

JJ Barquín @barquin_julio Mi pasión por Hans Zimmer y sus bandas sonoras me llevaron a Madrid este pasado fin de semana. Han sido días de gozo en una ciudad que ofrece mucho al viajero, aunque también hubo momentos en verdiblanco. Y para sentir el pellizco en la capital del reino, no hay mejor opción que visitar a Pepe Moreno, gran bético de Villamartín y creador de dos grandes foros béticos (Sevilla y Madrid). Pepe es de esos que va haciendo beticismo allí por donde las cacerolas, los cuchillos y la vida le llevan. Sus Lambuzo van viento en popa y uno se alegra de todo corazón por ello. Como dijo alguien que no recuerdo, “no hay mejor forma de ser feliz que alegrarse de las cosas bonitas que les pasan a los demás”.

En la visita a su restaurante del Retiro tuve la suerte de conocer a dos locos más de la cabeza. Al primero, a Daniel Gil Pérez, lo tenía fichado hace tiempo por su libro, sus sensatas opiniones y su pertenencia al Foro de Béticos de Madrid. Con Daniel pude comprobar que el Betis une a las personas en un segundo, en un saludo, en un choque de manos. Es algo casi mágico eso de acabar de conocer a alguien y parecer que ese nexo verdiblanco, ese motivo -de los 100 que comenta en su libro- hace que sientas un sentimiento de cercanía más fuerte que con otras personas.

Poco después me llamó la atención la llegada de un actor conocido al establecimiento. Al comentarle a Pepe, me llevó a su mesa ya que “es más bético que el escudo”. Antes me gustaba el trabajo de José Luis García-Pérez, pero ahora ya me cae de fábula al saber que es un bético más en ese universo que compartimos todos los que sentimos las trece barras. Cordial y amable, lo invité al Foro Béticos en Cartuja y quedamos emplazados a buscar una fecha, aunque habrá que esperar hasta que pase por el bendito trance de ser padre y traer un bético/a más en este mundo. Dos encuentros llenos de cordialidad y sencillez, donde el Betis fue el centro de la conversación.

Y eso venía analizando en el AVE de vuelta. Pensaba en el estúpido hábito que se ha establecido entre béticos de discutir y enfrentarse, principalmente, en las redes sociales. Todos sabemos que Internet no es el mejor escenario para debatir e intercambiar opiniones de un modo pausado y sensato. Cara a cara, la cosa cambia y es donde la conversación y el intercambio de ideas y de beticismo florece de manera natural, como siempre se hizo entre generaciones y generaciones de béticos. Dejemos a un lado los egos, las aptitudes ombligistas y hagamos Betis con mayúsculas, abierto a todo y a todos, con ese carácter mundano y acogedor que nos acompaña desde nuestro nacimiento.

El Betis fue, es y será diversidad, libertad, pluralidad, anhelo, utopía, esperanza y fe. Un sentimiento que aúna, que enriquece, que aglomera lo más variado. Una pasión que nos une a todos, sin importar la clase social, el color de piel, la altura o el idioma que usemos. Nadie sobra, todos aportamos. Somos y hacemos Betis en cada momento de nuestras vidas. Tan simple, tan sencillo y, a la vez, tan universal.

 

EL BLANCO PURO

Reyes Aguilar @oncereyes Tuve la suerte de conocer a un hombre excepcional que llegó a ser presidente del Real Betis Balompié durante los años de gloria que protagonizó aquella alineación que aún se recita como una cantinela; Esnaola; Bizcocho, Biosca, Sabaté, Cobo, López, Alabanda, Cardeñosa; García Soriano, Megido y Benítez, con Del Pozo y Eulate, aquella que marcó una muesca en las trece barras en base a los años de gloria del Vicente Calderón donde fuimos campeones de la primera copa de la Democracia, aquella época del Eurobetis, el Currobetis, Milán y gol de López.

Este caballero, porque no cabría en otra palabra, denominado como el Presidente de la verdad, me enseñó cómo entender la rivalidad sevillana sin que nadie se enfundase en capas y capas de mala baba. Pepe Núñez Naranjo se enorgullecía de la magnífica relación que mantuvo con el Sevilla Futbol Club, siempre con el pensamiento puesto en las personas por encima de los colores. De uno de sus máximos estamentos, sevillista de pro e importante cargo en la ciudad, llegó a decir que “tenía un corazón de un blanco tan puro que dejaba que creciese el verde de la esperanza”.

Hago mías las palabras de quien fue mi presidente en aquellos años en los que despertaba al beticismo, algo que no impidió que olvidase su legado  teniéndolo siempre presente por muchas razones como las que hoy me llevan a escribir estas palabras, y es que toca entender que las personas están por encima de los colores y que no hay rivalidad cuando la enfermedad hace que la sangre blanca que le hierve al entrenador se pique con la roja, del mismo rojo que la que aquel sevillista ofreció generosa y cordial para que brotase aquel verde que ahora, más verde que nunca, aflora para llevarle la Esperanza y le ayude a librar ese partido donde deseo encarecidamente que gane por goleada.

Ya lo dijo Jorge Valdano: “el fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes” y por ello, toca dejar atrás cualquier provocación, gesto o comentario y desearle a Joaquín Caparrós una pronta recuperación, todo el ánimo del mundo y el deseo ferviente de que sea fiel a esa particular filosofía del Manquepierda del catecismo sevillista que dice aquello de que “no hay derrota en el corazón de quien lucha”.

Se lo desea una bética de corazón, de un blanco muy puro.

CIEN ALMAS

Reyes Aguilar @oncereyes El alma es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos, decía Aristóteles. El Real Betis reconoce a sus cien almas más antiguas, definiéndolos como “100 ejemplos de fidelidad, 100 almas dedicadas a ti. 100 vidas en verdiblanco”. Por la retina de estas cien almas habrá pasado el verdiblanco como la ráfaga que tiñe toda una vida, la misma que dobla el junco sin quebrarlo, dejando historias béticas que merecen ser oídas, para nunca olvidar de dónde venimos, para dejar que arraigue esa leyenda que recorre el mundo entero.

Ellos habrán aguantado la respiración ante las zancadas que desde el Polígono de San Pablo, pespunteaban la banda izquierda del viejo Villamarín con medias bajadas, las mismas de quien humildemente reconocía no ser nadie al lado del coriano universal, aquel se marchó dejándonos la enseñanza de ese Betis de verdad, de cercanía, humildad y grandeza, de goles olímpicos y de pierna zurda de caoba. Esas cien almas habrán contado los kilómetros que se hacían aquellos siete pulmones, habrán llorado a Don Benito, contado los carnés de socio en la saca de correos del despacho de Nuñez Naranjo para retener a Cardeñosa y aplaudido a los grandes que desde ultramar, llegaron al Villamarín para escribir la historia propia, como Denilson, Finidi, Anzarda, Lobo Diarte o Hadzibegic escrita con la letra que marcaban la elipse de los goles de falta de Calderón, o la historia ajena, la de Maradona, la de Mágico González, la de Cruyff, Zidane, Ronaldo o el mismísimo Messi, a quien se le aplaudirá siempre porque si el alma bética madurada con la solera de los años sabe de sobra algo es de señorío.

Una de esas cien almas se agarra al cirio verde de su Esperanza cada Viernes Santo y yo me siento afortunada al escucharle hablar de tranvías, de tercera división y de rifas para ayudar a lo que se ofreciese, mientras por su mirada azul asoma ese Betis que aflora en los ojos de sus béticos. Joaquín, con su número cinco de socio acompañado de los noventa y nueve catedráticos del Manquepierda que le acompañaron en el merecido homenaje que el club le brindó, saben del buen hacer de Tenorio, de las redes cosidas subido en su poste y de marcador de palomar al sol de Heliópolis. De las lágrimas sinceras de Pedro Buenaventura, de Rafael Iriondo y de aquel inolvidable verano del 77, de Andrés Aranda y los siete apellidos vascos, del gol de Dani, de Quino, de Telechía y del llorado Gregorio Conejo, quien siempre estaba en la foto sacando beticismo de donde no lo había, y por ser testigos directos de la transformación del club, pasando del deterioro institucional a la modernización. Ellos conocen la historia tras toda una vida latiendo al son del “ala bim, a la bam a la bim, bom, bá” y de ellos debemos aprender para no desfallecer, para no perder nuestra esencia.

Me uno al reconocimiento con orgullo a esas cien almas, embajadores de esa inderrocable moral a prueba de derrotas, que diría el poeta, portadores de ese Betis que solo se ve en los ojos de sus béticos.

(Para Joaquín Real, presidente de la Asociación de Béticos Veteranos, con toda mi admiración)

Foto de Portada: diariodesevilla.es

ROGELIO: DEL MITO A LA LEYENDA EN EL OLIMPO VERDIBLANCO

Jesús Herrera @jesushpalma Se cumple justo una semana de la pérdida de uno de los grandes mitos del Real Betis Balompié, Rogelio Sosa Ramírez, la zurda de Caoba, jugador de arte e ingenio que marcó toda una época -dentro y fuera del terreno de juego- y que ya forma parte del olimpo verdiblanco, convirtiéndose con justicia en una de las simbólicas treces barras del escudo del equipo helipolitano. Un olimpo en el que se une a otros jugadores como Luis del Sol o la mítica plantilla que logró el campeonato liguero de 1935, futbolistas que sin duda constituyen auténticas leyendas en la historia del conjunto bético y son una referencia incuestionable para todos los aficionados de La Palmera.

Nos deja un genio y figura, recordado por su clase y la calidad de su mágica pierna zurda, pero probablemente uno de los jugadores que más entronque con la idiosincrasia del Real Betis y el estilo de vida de los béticos. Un jugador de arte y el juego de toque, con un manejo y golpeo de la pelota exquisito que le llevó a ser autor de numerosos goles desde el banderín de córner o de faltas directas, y hasta a crear un nuevo regate, el “regate de la tostá”.

Un jugador con carisma, carácter y liderazgo que también se hizo notar por su tono alegre y su chispa y humor en el vestuario, su compañerismo y su amistad, que siempre quedará en el recuerdo de los que jugaron junto a él o compartieron su extensa trayectoria en el conjunto verdiblanco. “Siempre se ofrecía en el campo, pedía la pelota y nunca se escondía”, relataba hace unos días Paco Bizcocho, su compañero en el Betis de los años setenta y paisano de Coria del Río. Ambos salieron de esa prodigiosa cantera que tiene el municipio situado en la ribera del Guadalquivir y que tantos buenos futbolistas ha dado a nuestro balompié nacional, aunque curiosamente Rogelio nunca llegó a jugar en el Coria CF, ya que sus inicios fueron en el Victoria Balompié, equipo de escalafones inferiores de su pueblo desde el que dio el salto al Betis.

Rogelio entregó toda su carrera deportiva al conjunto heliopolitano, donde permaneció 16 temporadas consecutivas, desde su debut en 1962 -aunque empezó en juveniles- hasta su retirada en 1978. Fue capitán y padre futbolístico de la generación del 77 que se alzó con la primera Copa del Rey, y que supuso casi el broche final a los 357 partidos oficiales que disputó con la camiseta de las treces barras. En ese periodo marcó 92 goles, de los que casi una decena fueron olímpicos, lo que le hizo convertirse en el quinto goleador histórico del equipo. Compartió vestuario con Quino, Esnaola o Cardeñosa y cedió el testigo a un jovencísimo Gordillo. Con todo ello se erigió en el símbolo de la afición verdiblanca, pero su carrera profesional no terminó en el club de sus amores, sino que se prolongó con casi otros 20 años más ejerciendo una gran labor como segundo entrenador y delegado de equipo con técnicos como Felipe Mesones, Luis Aragonés (del que era muy buen amigo), Jorge D’Alessandro, o Lorenzo Serra Ferrer, entre otros.

Sus genialidades y frases espontáneas, su personalidad y su fútbol imprevisible dejaron una profunda huella, como también su calidad humana. Aunque no lo conocí profundamente, muchos recuerdos y momentos de mi infancia y mi juventud estuvieron muy conectados a la vida de Rogelio Sosa. Compartí aula y colegio con su hijo Fran y su sobrino Jesús, y aún recuerdo aquellas tardes de estudio en su casa frente a la Plazoleta de la Soledad, donde cada día entraba a ver la sala de trofeos y premios y me embriagaba con el rico olor a naranjas que el propio Rogelio cultivaba en su parcela a la afueras de Coria, una de sus aficiones. Mi primera entrevista como aprendiz de periodista -aunque nunca llegó a ver la luz- fue para su sobrino Añete, talentoso delantero que en los últimos años ha triunfado en tierras griegas, mientras que en mis primeras crónicas en el Estadio Guadalquivir ya despuntaba su hijo Fran y la técnica y calidad de su zurda, como su padre. Esa feliz juventud se completó con la amistad con otro de sus sobrinos, Manolo, con quien compartí y sigo compartiendo muchos momentos de la vida.

Una vida que precisamente Rogelio siempre vivió con alegría, entusiasmo, cariño y fidelidad a unos colores, los de su Betis, y que trasladó a todas sus facetas y cuestiones cotidianas como gran padre y esposo, como amigo de sus amigos, de sus paisanos. Todos los que formaban parte de su día a día lo recordarán y echarán de menos, pero estoy seguro de que todos los corianos y béticos también. Nos deja un gran hombre. Descansa en el cuarto anillo del Benito Villamarín, allí ya estarán disfrutando de tu genio, tu arte y tu amistad.

Foto: Archivo Real Betis