EL JUEGO DE LA OCA

Bien podría parecerse la situación del Betis a una partida triunfal de ajedrez en la que, sometiendo a tu oponente con tu estrategia y táctica, logras el ansiado jaque mate. O incluso al parchís, si consigues ir comiendo fichas rivales y llegas el primero a tu casa. Pero no, el juego de mesa preferido de la entidad de Heliópolis es la oca, y siempre cae en la misma casilla.

Sabrán ustedes que en ese juego puedes favorecerte yendo de oca en oca, de puente a puente y de dado a dado. También corres el riesgo de verte frenado en seco si caes en la posada, en el pozo, en el laberinto o en la cárcel. Pero la casilla que más visita el Betis es la muerte, que te lleva directamente a la salida del juego. Y ahí estamos nuevamente, en el kilómetro cero de una nueva partida.

Otra vez toca empezar de nuevo y el bético, hastiado y cansado de fracasos y desilusiones, ansía de una vez por todas, que la ilusión patológica que sufre en cada comienzo del juego, se vea recompensada con unos resultados acordes a la grandeza de este club, sin obviar de donde venimos, lo que llevamos arrastrado y hasta donde podemos llegar este año: los diez primeros puestos de la tabla.

Si Víctor Sánchez del Amo consigue llegar a la casilla 63 sin sobresaltos y con éxito, tendrá la oportunidad de echar una nueva partida, en la que se le deberá exigir más, para crecer paulatinamente y hacer del Betis un club que deje de pasar apuros, que sea capaz de competir a un nivel decente y del que los béticos nos podamos sentir orgullosos y representados. Trabajo tiene por delante.

Pablo Caballero Payán @pablocpayan

BETIS, ¿QUÉ TE PASA?

Si por algo se ha distinguido históricamente la afición del Betis era por ser fiel, exigir muy poco y contentarse con menos. Ser del Betis es algo más. Un plus complicado de explicar porque es un club peculiar, con una afición diferente. Su slogan es único en el mundo. Vive manque pierde. Ganar no es una exigencia, es una consecuencia, una posibilidad. Un concepto complicado de explicar en un entorno donde lo máximo es ganar. Pero algo ha cambiado en los últimos años. Estamos desorientados. Seguimos siendo fieles pero parece que hemos perdido el norte, la identidad, nuestro ADN.

Y en ello puede que hayan influido dos factores importantes: la división de la afición y la tremenda ansiedad por igualar los méritos del eterno rival. Del primer punto, habría que indicar que hay tres grupos: los que añoran a Lopera; los que apoyan los nuevos tiempos y, por último, los cansados de todo. Si nos fijamos bien, en mayor o menor medida, la mayoría están desencantados. En ese clima de tensión y hartazgo, todo el mundo opina y, lo que es peor, ataca y arremete contra lo que se ha hecho, se hace y se proyecta hacer. Ya no es que estemos instalados en el pesimismo sino que se ha pasado al derrotismo más absoluto. Nada vale, nada sirve, todo es nocivo. El jugador no se ha puesto las botas y ya no vale. El entrenador no ha dirigido un entreno y es la peor opción que se podía haber traído. Y así, con todo.

Esta situación debe cambiar y debemos volver a ser lo que fuimos, una afición entregada con su equipo, animosa, alegre, desenfadada, esa que pensaba que por encima de los resultados está el escudo y las trece barras. Y también debe volver la chispa, el Betis inesperado, el que ganaba con el grande y perdía con el pequeño. Ese que despertaba grandes esperanzas y después se sumía en el fracaso más absoluto. No debe prevalecer el resultado a la institución.

Por supuesto que se debe buscar la excelencia y la exigencia pero sin olvidar qué somos, de dónde venimos y cuáles son nuestros objetivos. Todos queremos un Betis grande pero no debemos olvidar que no siempre hemos ganado ni hemos sido los mejores, pero que constantemente lo tuvimos en el alma hiciera lo que hiciera. Como dice un cántico, el premio más grande es llevarte en el corazón.

J.J. Barquín

FRACASO ABSOLUTO

Llevo varios días atrasando este artículo, a la espera de que se oficialice la marcha de Poyet y la llegada de un nuevo entrenador. Pero si sigo esperando, lo mismo tengo que escribir antes la crónica del partido frente a la Unión Deportiva Las Palmas. Así que , vamos allá.

A 11 de noviembre de 2016, se pude decir a boca llena y sin contemplación alguna que, el proyecto deportivo del Real Betis Balompié para la temporada actual es un fracaso absoluto. Da igual que se consiga en mayo el objetivo marcado por la entidad verdiblanca, cosa que, por otra parte, dudo mucho que se logre. Pero si se hace, será fruto de circunstancias ajenas a la planificación realizada. Porque planificado, parece que no hay nada.

Desde que se terminara el encuentro en Villarreal, se sabía que Poyet no iba a seguir dirigiendo al Betis. Cinco días después, no ha llegado el sustituto. Aun así, el técnico
uruguayo ha dirigido cuatro sesiones de entrenamiento y ayer se marchó a Londres con permiso del club para, según la versión oficial, resolver unos asuntos personales. Y mientras tanto, el próximo partido se viene encima y el primer equipo bético sigue sin entrenador.

A mi no me extraña que Torrecilla no tenga ya el sustituto atado y con el chándal del Betis puesto. En verano dispuso de mes y pico para traer un jugador de las características de N’Diaye y no lo hizo. Es lógico pensar que esta situación le ha cogido al director deportivo con el paso cambiado, ya que parece que no era partidario del relevo en el banquillo. Aun así, y viendo la deriva en el campeonato liguero del Real Betis, era de suponer que tuviera una alternativa preparada por si la situación desembocaba en un cambio de entrenador. No ha sido así.

Puede que hoy se confirme el nombre del nuevo técnico bético. Puede que nos llevemos una sorpresa, supongo que negativa y desilusionante, cuando conozcamos el nombre del sujeto. De lo que no hay dudas es del ridículo lamentable que están protagonizando Haro, López Catalán y Torrecilla. El castillo de naipes que es el Betis se ha vuelto a caer. Y lo más preocupante de todo es la sensación de que lo peor, aun está por llegar.

Pablo Caballero Payán @pablocpayan

HARO, AUGUSTO Y SUETONIO

Cuentan que el emperador Augusto le aconsejo a su asesor Suetonio que “caminara lentamente si quería llegar más pronto a un trabajo bien hecho”. Me imagino a Suetonio sentado plácidamente en un chaiselonge romana si perteneciera al staff del Real Betis. Haro lee seguramente a los clásicos romanos. El Betis se desangra en el césped y la tranquilidad reina en Villa Heliópolis. Ayer por la tarde, según informan los chicos de ABC no se habían producido ninguna reunión del consejo de administración. De hecho, el director deportivo estaba fuera de la ciudad y otros miembros del club tenían compromisos, por lo que la entidad ha decidido posponer la decisión para más adelante.

Piano, piano si va lontano, que dirían por la vieja Roma. Parece que muchos piensan que habría que destituir a Poyet pero Torrecilla y Haro se muestran reticentes, pues no quieren dar pasos en falso hasta encontrar un sustituto de garantías. Es verdad que cada maestrillo tiene su librillo pero si uno no confía en la persona que dirige el primer equipo, lo normal es no demorar más una situación que es insostenible. El equipo se le ha caído a Poyet y lo llevamos viendo varias semanas. El partido del Madrigal fue la mejor escenificación de que no juega a nada porque ni los propios jugadores creen en lo que hacen. Por no hablar de la empanada mental sobre esquemas y posiciones de jugadores que el uruguayo ha mostrado desde que llego a Sevilla.

Llegados a este punto, ¿no sería recomendable poner a un hombre de la casa para que cambie la dinámica y eleve la moral de la tropa mientras se busca al entrenador definitivo? Todo el tiempo que pasa, es tiempo perdido en cambiar una dinámica que sigue cuesta abajo y sin frenos. Los puntos son esenciales y más viendo el calendario. De los ocho partidos que quedan para finalizar la primera vuelta, cinco son con equipos de nuestra liga (desgraciadamente). Las Palmas, Eibar, Alavés, Leganés y Sporting. Con los puntos sumados esos encuentros son de vital importancia para salir de un pozo al que ya estamos asomados. La experiencia nos dice que salir del lodazal es complicado pues llegan los nervios y la ansiedad. Otros equipos ya han movido ficha y nosotros debemos hacerlo ya. Pero todo depende del emperador Haro y su sospechoso entorno.

P.D.: El gran problema es encontrar alguien de garantías que quiera coger este barco (deportivo e institucional) a la deriva.

JJ Barquín

SIN MOTIVOS PARA SER OPTIMISTA (2)

No entiendo a los béticos que, tras ver las prestaciones mostradas por el Real Betis en las diez primeras jornadas de Liga, siguen siendo optimistas con respecto al futuro deportivo de la entidad verdiblanca. No veo otra solución que el cese de Poyet y mi grado de pesimismo aumenta partido a partido.

Claro que yo, para argumentar mi postura, podría argumentar lo que dijo en su día JoséSaramago: “no es que yo sea pesimista, es que el mundo es pésimo” Si cambiamos al mundo por el Betis, entenderán mi pesimismo. Porque se trata simplemente de eso. No es que me agrade ni me reconforte. Al contrario. Me entristece ver como mi equipo no es de fiar, no posee argumentos para confiar en él y no transmite sensaciones positivas.

Desde la llegada de Javier Irureta al banquillo verdiblanco en verano de 2006, se repite la misma cantinela temporada tras temporada, con las excepciones de las tres primeras campañas de Mel. La ilusión del verano se transforma en desilusión antes de llegar Navidad. La endeblez de los proyectos deportivos es la tónica general provocando, irremediablemente, el despido del entrenador de turno. Le pasó al mencionado Irureta, a Cúper, a Chaparro, a Tapia, a Velázquez y a Mel, y le va a pasar a Poyet si no varía la situación.

Así que el domingo, cuando en El Madrigal eche a rodar el balón, me sentaré frente al televisor con la esperanza del que no espera absolutamente nada. De este modo, si sonara la flauta, la alegría sería doble. Pero permítanme que siga siendo pesimista. Además, creo que el pesimismo no es negativo porque, citando nuevamente una frase de Saramago, “los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay”

Pablo Caballero Payán @pablocpayan

UNA CASA DE LOCOS

Es la definición que me llega de una persona muy cercana al staff técnico del club. Todo el mundo decide. Todo el mundo se cree que puede decidir. Todo el mundo opina. Todo el mundo se cree que puede opinar. Eso es el Betis moderno que nos han vendido. Mucho cargo, mucho sueldo, mucho organigrama, mucha profesionalidad pero seguimos siendo un equipo ramplón, lleno de “sabios charlatanes” vendedores de humo que cuanto más hablan más carencias muestran. Nos han vendido un proyecto nuevo que desgraciadamente tiene poco de nuevo y se parece en exceso al de años anteriores.

¿Y por qué no cambia nada? Pues porque todos los que llegan van a aprovecharse del Betis y no a servirle. Y lo digo porque lo sentí cuando estuve colaborando con el club en los actos del Centenario. Los que debían dar ejemplo, se servían del club para tener privilegios. Los que debían trabajar por el bien de la institución, la usaban para fanfarronear con su pin de las trece barras que les abriera puertas para hacer negocios. El Betis es su pasión, no lo dudo pero como el de cualquier bético que se precie en cualquier lugar del mundo. Pero ellos, con sus apellidos o su poder accionarial, son los que se sirven para sacarle los ojos a una gallina de los huevos de oro. Lo que más me dolió de aquella etapa fue que gente con grandes apellidos se supiese tan fuerte como para dar o quitar el carnet de bético. Gente que sigue en el club y que no ha demostrado nada más que formar parte de uno de los apellidos de alta alcurnia como los Borbolla.

Yo me retiré porque no me gustó lo que vi en ese periodo donde me sentía orgulloso de servir y ayudar a mi club. Supongo que llegué con la inocencia de alguien que no había estado metido en esos mundos de intereses, comisiones y dinero fácil y no supe entender que en ese universo futbolístico no existe lealtad, honestidad e integridad. Esa es una de las razones por las que entendí perfectamente que Juan Carlos Ollero se fuera del club.

No quiero ser pesimista porque en la vida hay que ver siempre el vaso lleno, pero en el Betis es complicado que las cosas vayan bien porque es una casa de locos: todos aprovechan su llegada para beneficiarse de esa gallina de los huevos de oro. Algunos hasta después de estar fuera, quieren muchos millones de euros por sus sucias acciones.

JJ Barquín

UNA TUNA PARA UN TUNANTE

Tunante: pícaro, astuto, taimado, bribón, ladino, engañador, estafador, timador, bellaco, sinvergüenza, caradura, mangante… y así podríamos seguir horas buscando sinónimos que le vienen como anillo al dedo a Manuel Ruíz Ávalos.

El detalle de su verdadero nombre y apellidos y de cómo él se lo ha adornado para que parezca más pomposo y rimbombante, también es propio de un tunante. El estilo de vida de Lete es la tunantería, el engaño propio del trilero que te enseña la bolita y te marea hasta que caes en su trampa. Lleva años, supongo que desde que nació, engañando y estafando al personal. Y todavía hay quién no se ha enterado.

Yo entiendo las prisas y el interés de los que han pretendido llegar a un acuerdo con Lopera. Por un lado está el miedo a que la Justicia falle a favor del “señor” Ruíz. Y por otro, obviamente, está el propósito de controlar todo lo que genera y conlleva ser los que marcan el rumbo de una entidad tan golosa y apetitosa como el Real Betis Balompié.

Pero han cometido el infantil error de negociar con un tunante, con un mago del engaño, la manipulación y la estafa. Desde que salió a luz pública que las partes implicadas estaban intentando llegar a un acuerdo, el empresario de El Fontanal ha organizado dos circos intentado demostrar que la afición bética está con él. Primero fue la concentración de pseudobéticos a las puertas de su casa. Y hace un par de noches, la tuna de Económicas (a partir de ahora pasa a denominarse la tontuna de los tontunos) se presentó ante el domicilio de Lopera para pedirle que no vendiera sus acciones. El vodevil y el esperpento que rodea al hábitat loperiano es repugnante.

No queda otra que seguir esperando a que los procesos judiciales abiertos contra Ruíz de Lopera sigan su curso. Si Haro, López Catalán y compañía se empeñan en seguirle el juego al farsante de la calle Jabugo, estarán cometiendo un tremendo error. No solo porque van a ser engañados con total seguridad, si no porque estarán dándole pie a que el impresentable de Donmanué siga echando mierda y basura sobre la imagen del Real Betis Balompié. Ustedes sabrán.

Pablo Caballero Payán @pablocpayan

EL SÍNDROME DEL CARGO

El Real Betis ha realizado una serie de cambios en su estructura con la idea, según el club, de “modernizarse y poder sacar mayor rendimiento a la institución”. Dirección General Deportiva, Miguel Torrecilla; Dirección General Corporativa, Federico Martínez Feria; Dirección General Negocio, Ramón Alarcón Rubiales. Estos nombramientos en la planta noble del Villamarín están levantando ampollas en los foros y páginas verdiblancas. Se ha generado un gran debate por dos cuestiones vinculadas a los nombramientos. El primer conflicto es por el currículo y las vinculaciones familiares de uno de los nuevos directores. La segunda discusión se centra en la ampliación del staff del club. Vayamos por partes.

Del primer tema creo que poco se puede decir. Todos tenemos un pasado y una herencia familiar detrás. Poco me importa que la madre de Ramón Alarcón sea la histórica dirigente socialista, Amparo Rubiales. Puede –ni lo sé ni me importa- que haya podido respaldar a su hijo en algún momento de su vida empresarial (Alarcón está salpicado el caso de los Fondos Jeremie) pero no se puede juzgar por el pasado. Alarcón tendrá que rendir cuentas por su trabajo en el Real Betis. Nada más. Lo otro son envidias y celos de mediocres o de un entorno que sigue calentando los temas verdiblancos para desestabilizar pensando más en el tirano de Jabugo que en el propio Betis.

Otra cosa es el segundo debate. Parece que en el club hemos pasado del régimen del tirano al régimen de los cargos. Cargos por aquí, cargos por allá. Me pregunto: ¿es necesario tantos cargos para modernizar una institución? Todos coincidimos que el Betis estaba anclado en el medioevo y que era necesaria una modernización pero en el mundo del fútbol las cosas hay que hacerlas con mesura y paciencia. Sobre todo, porque lo más importante es que la pelotita entre y se consigan los puntos en juego. Esa es la tiranía existencial del fútbol. Si el equipo va bien, todo es de color de rosa. Si no llegan los resultados, todo es luto y negatividad. Tener un gran organigrama no conlleva grandes resultados pero es necesario para seguir creciendo como club.

Algunos equipos consiguen grandes metas con un presidente con sentido común y un buen secretario técnico pero no es lo normal. Con estos nombramientos el Betis se sitúa a la altura de la gran mayoría de los clubes profesionales. Lo que nos queda es exigir trabajo y profesionalidad para llegar a las más altas cotas. Si no llegan los resultados y siguen aumentando el número de cargos habrá que pensar en exigir responsabilidades al consejo de administración.

JJ Barquín

LAS CRIATURAS DE HELIÓPOLIS

Sergio León Limones. Palma Del Río. 6 de enero de 1989. 27 años y 1,78 cm de altura. Betis C, Betis B, Reus, Real Murcia, Elche Ilicitano, Llagostera, Elche y Osasuna. En total, tras su paso por todos estos equipos Sergio ha conseguido 70 goles, siendo su mejor temporada goleadora la realizada en el Reus (24 goles) y en Elche (20 goles). Tras su fichaje este año por el C.A. Osasuna, el cordobés ha marcado 4 goles en los 6 partidos jugados y, aunque no quiero ser ventajista sobre los buenos resultados que está cosechando por tierras navarras el bueno de Sergio, creo que es necesario detenerse un instante y reflexionar sobre por qué pasan tan habitualmente situaciones como las vividas con muchos futbolistas en nuestro club en los últimos años.

Además se dan las dos situaciones posibles: jugadores que no cuajan y sí lo hacen fuera y futbolistas que vienen precedidos de un gran currículum y fracasan o pasar con más pena que gloria por el Villamarín. De la primera parte podemos destacar nombres como el mismo Sergio León, Diego Tristán, Conté, Pinto, Adrián o Javi López. En las decepciones encontramos a Sobis, Digard, Verdú, Nelson, Odonkor, Sergio García, Renella, Matilla, etc, etc, etc, etc. De hecho, los vecinos de mi localidad comentan algunas veces que si viniera Messi se convertiría en un jugador del montón.

¿Qué nos pasa? ¿Porqué tantas decepciones? ¿Es cuestión de confianza? ¿No hay presión por parte de la institución? ¿Los jugadores no sienten exigencia por parte de la afición? ¿Es el Betis un club cómodo, sin objetivos y donde nunca pasa nada? Muchas preguntas que constantemente nos hacemos los béticos y que siguen sin respuesta y repitiéndose año tras año. Decía don Manué que él no criaba pollitos para que después se fueran a otro lado a triunfar. Siempre hemos tenido una gran cantera y las diversas políticas del club han ido debilitándola hasta tener un equipo en tercera y con un futuro muy cuestionado.

Aunque no toda la culpa es del club. Las criaturitas, como decía el “Acciones Jabugo Man”, también tienen gran parte de culpa en ese proceso de ascenso y adaptación al primer equipo. No se les pasa ni una mientras que al extranjero se le sigue esperando hasta que se va sin demostrar nada. Deberíamos aprender mucho de algunas aficiones, ya que creerse los mejores nos hunde en la mediocridad en la que estamos instalados.

JJ Barquín

SIN MOTIVOS PARA SER OPTIMISTA

¿Hay motivos para ser optimistas con el futuro deportivo del Real Betis Balompié tras lo visto en estas ocho jornadas de Liga? Yo no los veo. O por lo menos, con el actual entrenador, creo que el porvenir del equipo verdiblanco es dramático.

Obviamente, Poyet no es el único responsable. La directiva bética, con Haro y López Catalán a la cabeza, y Miguel Torrecilla, también tienen su cuota importante de culpa. Los dirigentes son culpables de elegir a un director deportivo que, de momento, ha realizado un trabajo insuficiente y con muchas carencias. A la plantilla le falta poderío físico en el centro del campo, centrocampistas de banda zurdos y un lateral derecho con un nivel óptimo para Primera División.

Pero el error más grosero de Torrecilla ha sido el de la elección del entrenador. El director deportivo confió para ese trabajo en Gustavo Poyet, y esa decisión es, a todas luces, una metedura de pata. El técnico uruguayo no ha demostrado disponer de los conocimientos necesarios para hacer del Betis un equipo que aspire a estar entre los diez primeros de la Liga Santander. Hace poco más de un mes, mi compañero de este blog, pedía, acertadamente, responsabilidad y paciencia. A día de hoy, a mi, la paciencia se me ha agotado.

Analizando uno a uno los partidos del Betis, los motivos para impacientarse y para ser pesimistas, creo que están más que justificados. Perder contra el Fútbol Club Barcelona y el Real Madrid es lógico. Que entre los dos te endosen un 12-3 es patético, ridículo y bochornoso. En Valencia, tras una buena primera hora, el equipo desapareció y se dejó empatar ante un rival con uno menos y con una situación deportiva y extradeportiva chirigotesca. De hecho, ya han cesado al entrenador. Por fortuna, apareció Rubén Castro en el descuento para ganar los tres puntos.

Otra de las características negativas ha sido la ausencia de un patrón de juego. El Betis, ante el Deportivo y el Sevilla apenas les inquietó ofensivamente, por no hablar del insufrible y desesperante partido en Anoeta. Al Granada, otro equipo desecho y que ha prescindido de su técnico, se le permitió ponerse 0-2 a la media hora de juego con una imagen dantesca. Se empató cuando el rival ya jugaba en inferioridad, pero no fue capaz de rematar la faena. El partido más bueno de la temporada fue el del Málaga. No es que se jugara de maravilla, ni mucho menos, pero si se vio a un equipo implicado y con amor propio.

Y después está el tema del sistema de juego. Yo pienso que no se debe ser inflexible en este aspecto, siempre y cuando tengas jugadores adecuados para poner en práctica diferentes esquemas. Poyet ha utilizado ya un 3-5-2, un 4-3-3, un 4-2-3-1 y un 4-4-2. Tantos vaivenes dan la sensación de que no es capaz de dar con la tecla y se empeña en utilizar a Rubén Castro en la banda. Yo no veo mal escorar al canario a la izquierda, pero siempre y cuando no le cargue de trabajo defensivo, cosa que no está haciendo.

Esto es lo que yo opino de la situación deportiva del Real Betis Balompié a 17 de octubre. Y como no veo una solución inmediata, creo que se debe tomar una decisión drástica con Poyet. Es cierto que han llegado muchos jugadores nuevo, que de la noche a la mañana no se obtienen resultados y que en el fútbol hay muchos casos que la paciencia ha sido la mejor de las alternativas. Pero es que yo no veo nada que me haga ser optimista.

Pablo Caballero Payán @pablocpayan