MI VIDA, NADA ES IMPOSIBLE

Pablo Caballero Payán @pablocpayan No soy el típico padre que lo primero que hace cuando tiene un hijo (dos hijas en mi caso) es sacarles el carnet del Betis, comprarles la equipación o enseñarles a decir “Betis bueno, Sevilla caca” Pero es evidente que mis hijas ven lo que me apasiona y me gusta mi equipo y, claro, ellas imitan al padre y dicen que son béticas.

El caso es que Alba, la mayor de las dos, a sus seis años ya va entendiendo algunas cosas elementales de este deporte. Es lógico: lo ve en casa y en el colegio, donde tiene compañeros que ya hablan de fútbol. El pasado miércoles le dije que jugábamos contra el todopoderoso Real Madrid y que iba a ser imposible ganar el partido. “Claro papi, es que el Madrid es muy bueno” Le contesté que si, y que además, como no había ganado los dos primeros partidos de Liga en el Bernabéu, era todavía más improbable ganarle al equipo blanco. Y así se fue a la cama. Con esa idea en la cabeza.

Dos horas después yo estaba, literalmente, comiéndome un cojín del sofá para ahogar mi grito en el gol de Sanabria y no despertarla a ella, a su hermana y a su madre. Los pelos de punta, alguna lágrima asomando por mis ojos y, por encima de toda la alegría, euforia y satisfacción que estaba viviendo, un pensamiento dominaba mi cabeza: ya verás cuando mañana le diga a Alba que ha ganado el Betis. No fui yo porque, por desgracia, salgo antes para el trabajo y no las veo despertarse. Fue su madre la que se lo dijo y le cambió la cara.

Cuando la recogí del colegio le pregunté por lo que le había dicho su madre por la mañana. “Papi, pero si era imposible” Y le tuve que explicar que no, que yo estaba equivocado. Que en esta vida no hay cosas imposibles. Que hay que luchar sin contemplaciones, con inteligencia y constancia por lo que uno quiere. Que nunca hay que bajar los brazos y que ir derrotado a la batalla es sinónimo de fracaso. Y por supuesto, que nadie ose a quitarle sus sueños e ilusiones.

Me he ahorrado, de momento, explicarle que todo eso lo va a vivir con el Betis, porque no hay equipo en el mundo que sea tan metafóricamente parecido a la vida. Es mejor que lo vaya aprendiendo poco a poco. Así el aprendizaje será mucho más enriquecedor y significativo y comprenderá que el Betis es pura filosofía. Y si no lo entiende y se ofusca, allí estará su padre para darle consuelo y cariño. Y para disfrutar con noches como la del pasado miércoles en el Bernabéu.

FOTO: EFE