Reyes Aguilar @oncereyes Nada hay más difícil de definir que las ganas de Betis, las ganas que tengo de volver al Betis solo por volver a ir al Betis, si es que alguien me entiende. Quizás la culpa sea de la sabiduría de un bético, de aquellos a los que solo se les oye decir que al Betis hay que quererlo siempre, haga lo que haga, juegue quien juegue, esté quien esté, que me llenó de ilusión al oírle hablar con los ojos, en el acto de los tres mil béticos. Cuánto se aprende de ese beticismo anárquico y añejo de fotografías en blanco y negro, campos de albero, autocares, botas de vino, Tercera División, camisetas de algodón a rayas verticales, esfuerzo y lágrimas. Me gusta escuchar a esos béticos y béticas fieles porque saben mejor que nadie a que sabe el verde de la gloria y del fango, porque de ellos se aprende y con ellos se sale más bética de lo que se llega. Y ante tanta inmensidad y humildad, aunque sea una contradicción pero, ¿qué no es el Betis sino una contradicción?;  hace fácil lo difícil, se complica con lo fácil, pierde cuando tiene que ganar y gana hasta cuando pierde, jugando en casa aunque esté jugando fuera y sin un minuto de tranquilidad con un dos cero a favor, entendemos que es eso lo que deben saber los que vendrán. Tengo ganas de volver al Betis porque me he contagiado de la emoción al oírles como jugaban Del Sol, Rogelio o Cardeñosa o siendo niño, como alguno le había estrechado la mano a Don Benito, aquella vez que fue a su pueblo, tan lejos de Sevilla, a inaugurar la peña. El Betis está ahí, en la locura, en lo irracional, en las pequeñas cosas y en las difíciles, en las humildes y en las grandiosas, por eso tuvimos para anunciar los goles un palomar y un paraguas en aquella feria del 35, por eso ganamos la Copa del 77, eliminamos al Milán con aquel gol de López y bajamos a Segunda, y por eso ganamos la segunda Copa del Rey pasándolo regular en una tanda de penaltis en Alcalá de Guadaíra aquella noche donde llovía a mares y que después, trajo la Champions y por eso, por vivir muchas contradicciones, quiero volver al Betis. Y porque los leales miembros del club de los tres mil dan cátedras del Manquepierda cuando hablan comparando al Betis con la vida; ilusión, desesperanza, alegría y sufrimiento. Volver al Betis solo por volver al Betis, sin haber dejado de irme, reencontrarme con el aire a hierba intacto de aquella mi primera vez y ese sentimiento tan mío de pertenecer a algo tan nuestro, y volver a vivir lo mismo de siempre, lo que no cambia, lo que permanece en el tiempo y en la distancia, como otra contradicción. En esas almas leales que sin dudarlo, han seguido renovando una fe a cambio de nada y a la vez, de todo, está el Betis al que siempre, quiero volver; por lo que somos, por lo que fuimos, por lo que seremos. Gloria a los tres mil béticos que se le llenan los ojos de verde y blanco, los que han sembrado estirpes, nos han contado anécdotas, gestas o debacles o han recitado alineaciones míticas como un soneto, por esa su ilusión intacta quiero volver al Betis siempre, porque me entusiasma sentir esa reivindicación de los instintos que es ser bético, cuando les escucho decir con los ojos, que al Betis se le quiere solo por eso, por ser el Betis.