SOMOS BETIS. HAGÁMOS BETIS

JJ Barquín @barquin_julio Mi pasión por Hans Zimmer y sus bandas sonoras me llevaron a Madrid este pasado fin de semana. Han sido días de gozo en una ciudad que ofrece mucho al viajero, aunque también hubo momentos en verdiblanco. Y para sentir el pellizco en la capital del reino, no hay mejor opción que visitar a Pepe Moreno, gran bético de Villamartín y creador de dos grandes foros béticos (Sevilla y Madrid). Pepe es de esos que va haciendo beticismo allí por donde las cacerolas, los cuchillos y la vida le llevan. Sus Lambuzo van viento en popa y uno se alegra de todo corazón por ello. Como dijo alguien que no recuerdo, “no hay mejor forma de ser feliz que alegrarse de las cosas bonitas que les pasan a los demás”.

En la visita a su restaurante del Retiro tuve la suerte de conocer a dos locos más de la cabeza. Al primero, a Daniel Gil Pérez, lo tenía fichado hace tiempo por su libro, sus sensatas opiniones y su pertenencia al Foro de Béticos de Madrid. Con Daniel pude comprobar que el Betis une a las personas en un segundo, en un saludo, en un choque de manos. Es algo casi mágico eso de acabar de conocer a alguien y parecer que ese nexo verdiblanco, ese motivo -de los 100 que comenta en su libro- hace que sientas un sentimiento de cercanía más fuerte que con otras personas.

Poco después me llamó la atención la llegada de un actor conocido al establecimiento. Al comentarle a Pepe, me llevó a su mesa ya que “es más bético que el escudo”. Antes me gustaba el trabajo de José Luis García-Pérez, pero ahora ya me cae de fábula al saber que es un bético más en ese universo que compartimos todos los que sentimos las trece barras. Cordial y amable, lo invité al Foro Béticos en Cartuja y quedamos emplazados a buscar una fecha, aunque habrá que esperar hasta que pase por el bendito trance de ser padre y traer un bético/a más en este mundo. Dos encuentros llenos de cordialidad y sencillez, donde el Betis fue el centro de la conversación.

Y eso venía analizando en el AVE de vuelta. Pensaba en el estúpido hábito que se ha establecido entre béticos de discutir y enfrentarse, principalmente, en las redes sociales. Todos sabemos que Internet no es el mejor escenario para debatir e intercambiar opiniones de un modo pausado y sensato. Cara a cara, la cosa cambia y es donde la conversación y el intercambio de ideas y de beticismo florece de manera natural, como siempre se hizo entre generaciones y generaciones de béticos. Dejemos a un lado los egos, las aptitudes ombligistas y hagamos Betis con mayúsculas, abierto a todo y a todos, con ese carácter mundano y acogedor que nos acompaña desde nuestro nacimiento.

El Betis fue, es y será diversidad, libertad, pluralidad, anhelo, utopía, esperanza y fe. Un sentimiento que aúna, que enriquece, que aglomera lo más variado. Una pasión que nos une a todos, sin importar la clase social, el color de piel, la altura o el idioma que usemos. Nadie sobra, todos aportamos. Somos y hacemos Betis en cada momento de nuestras vidas. Tan simple, tan sencillo y, a la vez, tan universal.

 

EL BLANCO PURO

Reyes Aguilar @oncereyes Tuve la suerte de conocer a un hombre excepcional que llegó a ser presidente del Real Betis Balompié durante los años de gloria que protagonizó aquella alineación que aún se recita como una cantinela; Esnaola; Bizcocho, Biosca, Sabaté, Cobo, López, Alabanda, Cardeñosa; García Soriano, Megido y Benítez, con Del Pozo y Eulate, aquella que marcó una muesca en las trece barras en base a los años de gloria del Vicente Calderón donde fuimos campeones de la primera copa de la Democracia, aquella época del Eurobetis, el Currobetis, Milán y gol de López.

Este caballero, porque no cabría en otra palabra, denominado como el Presidente de la verdad, me enseñó cómo entender la rivalidad sevillana sin que nadie se enfundase en capas y capas de mala baba. Pepe Núñez Naranjo se enorgullecía de la magnífica relación que mantuvo con el Sevilla Futbol Club, siempre con el pensamiento puesto en las personas por encima de los colores. De uno de sus máximos estamentos, sevillista de pro e importante cargo en la ciudad, llegó a decir que “tenía un corazón de un blanco tan puro que dejaba que creciese el verde de la esperanza”.

Hago mías las palabras de quien fue mi presidente en aquellos años en los que despertaba al beticismo, algo que no impidió que olvidase su legado  teniéndolo siempre presente por muchas razones como las que hoy me llevan a escribir estas palabras, y es que toca entender que las personas están por encima de los colores y que no hay rivalidad cuando la enfermedad hace que la sangre blanca que le hierve al entrenador se pique con la roja, del mismo rojo que la que aquel sevillista ofreció generosa y cordial para que brotase aquel verde que ahora, más verde que nunca, aflora para llevarle la Esperanza y le ayude a librar ese partido donde deseo encarecidamente que gane por goleada.

Ya lo dijo Jorge Valdano: “el fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes” y por ello, toca dejar atrás cualquier provocación, gesto o comentario y desearle a Joaquín Caparrós una pronta recuperación, todo el ánimo del mundo y el deseo ferviente de que sea fiel a esa particular filosofía del Manquepierda del catecismo sevillista que dice aquello de que “no hay derrota en el corazón de quien lucha”.

Se lo desea una bética de corazón, de un blanco muy puro.

CIEN ALMAS

Reyes Aguilar @oncereyes El alma es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos, decía Aristóteles. El Real Betis reconoce a sus cien almas más antiguas, definiéndolos como “100 ejemplos de fidelidad, 100 almas dedicadas a ti. 100 vidas en verdiblanco”. Por la retina de estas cien almas habrá pasado el verdiblanco como la ráfaga que tiñe toda una vida, la misma que dobla el junco sin quebrarlo, dejando historias béticas que merecen ser oídas, para nunca olvidar de dónde venimos, para dejar que arraigue esa leyenda que recorre el mundo entero.

Ellos habrán aguantado la respiración ante las zancadas que desde el Polígono de San Pablo, pespunteaban la banda izquierda del viejo Villamarín con medias bajadas, las mismas de quien humildemente reconocía no ser nadie al lado del coriano universal, aquel se marchó dejándonos la enseñanza de ese Betis de verdad, de cercanía, humildad y grandeza, de goles olímpicos y de pierna zurda de caoba. Esas cien almas habrán contado los kilómetros que se hacían aquellos siete pulmones, habrán llorado a Don Benito, contado los carnés de socio en la saca de correos del despacho de Nuñez Naranjo para retener a Cardeñosa y aplaudido a los grandes que desde ultramar, llegaron al Villamarín para escribir la historia propia, como Denilson, Finidi, Anzarda, Lobo Diarte o Hadzibegic escrita con la letra que marcaban la elipse de los goles de falta de Calderón, o la historia ajena, la de Maradona, la de Mágico González, la de Cruyff, Zidane, Ronaldo o el mismísimo Messi, a quien se le aplaudirá siempre porque si el alma bética madurada con la solera de los años sabe de sobra algo es de señorío.

Una de esas cien almas se agarra al cirio verde de su Esperanza cada Viernes Santo y yo me siento afortunada al escucharle hablar de tranvías, de tercera división y de rifas para ayudar a lo que se ofreciese, mientras por su mirada azul asoma ese Betis que aflora en los ojos de sus béticos. Joaquín, con su número cinco de socio acompañado de los noventa y nueve catedráticos del Manquepierda que le acompañaron en el merecido homenaje que el club le brindó, saben del buen hacer de Tenorio, de las redes cosidas subido en su poste y de marcador de palomar al sol de Heliópolis. De las lágrimas sinceras de Pedro Buenaventura, de Rafael Iriondo y de aquel inolvidable verano del 77, de Andrés Aranda y los siete apellidos vascos, del gol de Dani, de Quino, de Telechía y del llorado Gregorio Conejo, quien siempre estaba en la foto sacando beticismo de donde no lo había, y por ser testigos directos de la transformación del club, pasando del deterioro institucional a la modernización. Ellos conocen la historia tras toda una vida latiendo al son del “ala bim, a la bam a la bim, bom, bá” y de ellos debemos aprender para no desfallecer, para no perder nuestra esencia.

Me uno al reconocimiento con orgullo a esas cien almas, embajadores de esa inderrocable moral a prueba de derrotas, que diría el poeta, portadores de ese Betis que solo se ve en los ojos de sus béticos.

(Para Joaquín Real, presidente de la Asociación de Béticos Veteranos, con toda mi admiración)

Foto de Portada: diariodesevilla.es

ROGELIO: DEL MITO A LA LEYENDA EN EL OLIMPO VERDIBLANCO

Jesús Herrera @jesushpalma Se cumple justo una semana de la pérdida de uno de los grandes mitos del Real Betis Balompié, Rogelio Sosa Ramírez, la zurda de Caoba, jugador de arte e ingenio que marcó toda una época -dentro y fuera del terreno de juego- y que ya forma parte del olimpo verdiblanco, convirtiéndose con justicia en una de las simbólicas treces barras del escudo del equipo helipolitano. Un olimpo en el que se une a otros jugadores como Luis del Sol o la mítica plantilla que logró el campeonato liguero de 1935, futbolistas que sin duda constituyen auténticas leyendas en la historia del conjunto bético y son una referencia incuestionable para todos los aficionados de La Palmera.

Nos deja un genio y figura, recordado por su clase y la calidad de su mágica pierna zurda, pero probablemente uno de los jugadores que más entronque con la idiosincrasia del Real Betis y el estilo de vida de los béticos. Un jugador de arte y el juego de toque, con un manejo y golpeo de la pelota exquisito que le llevó a ser autor de numerosos goles desde el banderín de córner o de faltas directas, y hasta a crear un nuevo regate, el “regate de la tostá”.

Un jugador con carisma, carácter y liderazgo que también se hizo notar por su tono alegre y su chispa y humor en el vestuario, su compañerismo y su amistad, que siempre quedará en el recuerdo de los que jugaron junto a él o compartieron su extensa trayectoria en el conjunto verdiblanco. “Siempre se ofrecía en el campo, pedía la pelota y nunca se escondía”, relataba hace unos días Paco Bizcocho, su compañero en el Betis de los años setenta y paisano de Coria del Río. Ambos salieron de esa prodigiosa cantera que tiene el municipio situado en la ribera del Guadalquivir y que tantos buenos futbolistas ha dado a nuestro balompié nacional, aunque curiosamente Rogelio nunca llegó a jugar en el Coria CF, ya que sus inicios fueron en el Victoria Balompié, equipo de escalafones inferiores de su pueblo desde el que dio el salto al Betis.

Rogelio entregó toda su carrera deportiva al conjunto heliopolitano, donde permaneció 16 temporadas consecutivas, desde su debut en 1962 -aunque empezó en juveniles- hasta su retirada en 1978. Fue capitán y padre futbolístico de la generación del 77 que se alzó con la primera Copa del Rey, y que supuso casi el broche final a los 357 partidos oficiales que disputó con la camiseta de las treces barras. En ese periodo marcó 92 goles, de los que casi una decena fueron olímpicos, lo que le hizo convertirse en el quinto goleador histórico del equipo. Compartió vestuario con Quino, Esnaola o Cardeñosa y cedió el testigo a un jovencísimo Gordillo. Con todo ello se erigió en el símbolo de la afición verdiblanca, pero su carrera profesional no terminó en el club de sus amores, sino que se prolongó con casi otros 20 años más ejerciendo una gran labor como segundo entrenador y delegado de equipo con técnicos como Felipe Mesones, Luis Aragonés (del que era muy buen amigo), Jorge D’Alessandro, o Lorenzo Serra Ferrer, entre otros.

Sus genialidades y frases espontáneas, su personalidad y su fútbol imprevisible dejaron una profunda huella, como también su calidad humana. Aunque no lo conocí profundamente, muchos recuerdos y momentos de mi infancia y mi juventud estuvieron muy conectados a la vida de Rogelio Sosa. Compartí aula y colegio con su hijo Fran y su sobrino Jesús, y aún recuerdo aquellas tardes de estudio en su casa frente a la Plazoleta de la Soledad, donde cada día entraba a ver la sala de trofeos y premios y me embriagaba con el rico olor a naranjas que el propio Rogelio cultivaba en su parcela a la afueras de Coria, una de sus aficiones. Mi primera entrevista como aprendiz de periodista -aunque nunca llegó a ver la luz- fue para su sobrino Añete, talentoso delantero que en los últimos años ha triunfado en tierras griegas, mientras que en mis primeras crónicas en el Estadio Guadalquivir ya despuntaba su hijo Fran y la técnica y calidad de su zurda, como su padre. Esa feliz juventud se completó con la amistad con otro de sus sobrinos, Manolo, con quien compartí y sigo compartiendo muchos momentos de la vida.

Una vida que precisamente Rogelio siempre vivió con alegría, entusiasmo, cariño y fidelidad a unos colores, los de su Betis, y que trasladó a todas sus facetas y cuestiones cotidianas como gran padre y esposo, como amigo de sus amigos, de sus paisanos. Todos los que formaban parte de su día a día lo recordarán y echarán de menos, pero estoy seguro de que todos los corianos y béticos también. Nos deja un gran hombre. Descansa en el cuarto anillo del Benito Villamarín, allí ya estarán disfrutando de tu genio, tu arte y tu amistad.

Foto: Archivo Real Betis

 

PACO GONZÁLEZ… Y MUCHOS BÉTICOS

JJ Barquín @barquin_julio Ríos de tinta se llevan gastado desde el pasado sábado en las redes sociales. En una tertulia de Cope, Paco González ofreció todo un recital de racismo, desprecio y poca profesionalidad al indicar que “William Carvalho es un caso de discriminación positiva. Si ese chico fuera blanco, estaríamos diciendo todos que es un gordo no profesional”. Vomitivas sus palabras y absurdo el comportamiento de Poli Rincón, el juglar de la cadena eclesial.

Pero no veamos solamente la paja en el ojo ajeno, pues hay muchas vigas en el Villamarín. Durante el último mes, y concretamente, tras la eliminación de la competición europea y la caída copera, los comentarios de muchos béticos han sido, además de escandalosos, cercanos a la inmoralidad. Alrededor de mi localidad o en redes, he escuchado y leído decir casi lo mismo. Con otras palabras, pero con idéntico fondo. Frases como “vaya el gordo paquete éste”, “vaya el negro que nos han colado”, “que tío más lento el portugués éste de mierda”, etc.

Por eso, las críticas vertidas por el eterno periodista -no llegó a terminar la carrera- y su jocoso amigo madridista merecen la reprobación del Betis, del beticismo e, incluso, del mundo del fútbol. Pero también es necesaria una reflexión por parte de muchos béticos. Aficionados que están en su derecho de criticar, pero sabiendo que el respeto es la base del entendimiento entre los seres humanos. No podemos escandalizarnos por unas palabras ajenas, cuando nosotros profesamos el mismo comportamiento, la misma fe en la crítica destructiva, impulsiva y resultadista.

Carvalho, como cualquier profesional, puede tener días malos, pero es un grandísimo jugador. Por lo menos, a mí me lo parece. Y ya lo dije a principios de temporada que había que tener tranquilidad y moita espeçanza con el angoleño. Sus números con el Sporting de Lisboa y con la selección lusa así lo acreditan. Y también grandes partidos con la casaca verdiblanca. Si entran en páginas especializadas de fútbol, lo comparan en valor de mercado con pivotes como Enre Cam (Juventus), Danilo Pereira (Oporto) o Victor Wanyama (Tottemham). Lejos quedan aquellos tiempos de penurias y jugadores voluntariosos, pero sin caché en el mercado. Disfrutemos de lo que tenemos que es muy bueno.

Foto: AS

UN HOMBRE BUENO

JJ Barquín @barquin_julio La media tarde del jueves nos trajo a los béticos una muy mala noticia. La muerte de Rogelio Sosa Ramírez, mito y leyenda de la historia del Real Betis. Todos los que vieron a Rogelio hablan maravillas de un jugador que fue santo y seña de su club. Lo describen como un grandote habilidoso, con un talento innato y con una pierna izquierda de lujo, lo que le valió para ganarse el apodo de “zurda de caoba”.

Nacido en Coria del Río, llegó al Betis con 14 años, aunque tuvo que emigrar y hacerse en la Tercera División antes de triunfar en su Betis del alma. Tras su regreso a casa, hizo historia al ser el jugador bético que más tiempo seguido estuvo en el club. Concretamente, Rogelio se puso la elástica de las trece barras durante 16 años, lo que le permitió disputar 357 partidos oficiales con el club de su vida. Tras su retirada, estuvo siempre ligado al club y ejerció como ayudante de Lorenzo Serra Ferrer casi tres años.

Rogelio protagonizó muchas anécdotas en su vida deportiva como la acaecida en el campo del eterno rival, al comerse un huevo duro que le tiraron desde la grada. Todo un ejemplo y un mensaje magnífico para el que buscaba gresca desde la grada. Pero la más mediática fue la que tuvo con el técnico Ferenc Szusza, gracias al carácter rígido, duro y exigente que instaló en una época donde los jugadores no estaban acostumbrados a las nuevas exigencias en el aspecto físico. Dicen que fue en un entrenamiento donde el húngaro le pidió vehemente que se entregará con más brío y el extremo coriano ni corto ni perezoso le dijo: “míster, yo no corro, que correr es de cobardes”. Sublime e histórico gesto de ingenio, chispa y humor de un tipo original hasta en los entrenamientos.

Muchos dicen que se ha ido una de las trece barras del escudo. Yo digo que se han ido, por lo menos, cuatro o cinco pues Rogelio fue y sintió Betis de la manera más incondicional y devota que un bético puede ofrecer: ser fiel siempre a unos colores. Y lo hizo en primera y en segunda, sabiendo lo que significaba el manquepierda y el amor fiel e insobornable a ese escudo.

Hace ya algunos años, tuve la suerte de coincidir y charlar un buen rato con Rogelio en un Foro de Béticos en la Cartuja. Pude comprobar que estaba ante mito, ante una leyenda de la historia del Real Betis por cómo lo trataban los más viejos de la reunión, pues eran los que habían disfrutado de su juego, de su clase, de su maestría y de su ingenio. Eso me lo perdí por mi edad, pero lo que sí pude comprobar ese día es que estaba ante un tipo sencillo y humilde, ante una buena persona. Con eso me quedo. DEP

Foto: Archivo ABC

MERECIDO HOMENAJE A MANUEL SIMÓ

Pablo Caballero Payán @pablocpayan El pasado martes por la tarde tuvo lugar en el Ateneo de Sevilla un merecido e interesante homenaje a Manuel Simó Mateos, histórico directivo del Real Betis Balompié durante más de cuarenta años. El acto estuvo organizado por la peña cultura bética que lleva su nombre y en él se repasó la trayectoria profesional y personal de Manuel Simó y la importancia que tuvo como historiador y archivero del club de Heliópolis.

María Isabel Simó, hija de Manuel y antigua directora del Archivo Histórico Provincial de Sevilla y del Archivo de Indias, se encargó de repasar la vida de su padre contando anécdotas y aportando datos interesantes sobre las más de cuatro décadas en las que estuvo vinculado a la entidad verdiblanca. Equiparó acertadamente el sentimiento del manquepierda al del compromiso y recordó una frase que llevaba a gala su padre: “soy bético porque si”

En la riada de 1948 el archivo de documentos del Real Betis quedó destruido por completo y Amparo Alonso, directora del Archivo Histórico Provincial de Sevilla, expuso la necesidad y la importancia de archivar y salvaguardar todos los documentos y fotografías de manera oficial y profesional. Es una manera de cuidar, respetar y valorar una parte fundamental de la historia de cualquier entidad. Se hizo hincapié en la valía que tiene la colección de fotografías y documentos de la historia del Real Betis que la familia Simó posee y que está a buen recaudo en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla.

Al acto acudieron Rafael Gordillo, la consejera María Victoria López Sánchez, ex jugadores del Real Betis Balompié como Francisco Bizcocho, Antonio Biosca, Juan Antonio García Soriano, varios ex consejeros del club bético, periodistas y hasta el entrenador de porteros Jon Pascua, siempre pendiente de la vida social de la entidad verdiblanca. Es justo destacar este tipo de actividades porque mantienen viva la historia de nuestro equipo y hacen justicia con personas que lo han dado todo por el Real Betis.

No me queda otra que agradecer y felicitar a la Peña Cultura Bética Manuel Simó por la organización, haciendo personalmente este agradecimiento a su presidente, Joaquín Díaz Cáceres, por la invitación y por su preocupación y dedicación a todo lo que tenga que ver con el club de nuestros amores y a otros ámbitos culturales. Es una suerte poder contar con personas con estas inquietudes e iniciativas. Enhorabuena.

Foto de portada: manquepierda.com

REFLEXIONAR

JJ Barquín @barquin_julio Ya escribí hace tiempo de la delgada línea roja que separa la gracia y el arte del payaseo y la ridiculez humana. En aquella ocasión, me refería a los vídeos de Joaquín en las redes sociales y su proliferación en los últimos años. La sobreexposición hace que, como el mundo de la fotografía, te termines quemando. Y eso podría pasarle si sigue por el camino que ha elegido últimamente el portuense.

Nadie duda que Joaquín es un jugador excepcional y un profesional sublime. Sus datos así lo refrendan. También es obvio que como capitán le aporta al vestuario una generosa dosis de experiencia y buen rollo, aspectos esenciales para que un grupo humano tenga más cohesión y sinergias. Su papel es fundamental para integrar a los nuevos y agrupar a todo el equipo, pero debería reflexionar seriamente. Su labor es impagable.

Además, el fino extremo tiene ese punto de arte y gracia que destilan los nacidos por tierras gaditanas. Sus vídeos de chistes, bailes e imitaciones pueden tener más o menos gracia; pueden ser más o menos afortunados, pero son parte de su vida personal. Incluso, puede haber alguno que se desarrolle en el ámbito deportivo, en el día a día de las redes sociales del club.

Pero Joaquín debe saber que es el capitán del Real Betis. Y lo es dentro y fuera del campo. Su comportamiento debe ser ejemplar y respetuoso con respecto a sus rivales. Y la noche del jueves su chiste en relación con la eliminación del eterno rival fue desafortunado e inapropiado. La guasa debe quedar en el ámbito de las aficiones y no traspasar al terreno profesional. No es ahora cuestión de fustigar al portuense por esa acción, como han hecho muchos, pero si se hace necesaria una sencilla reflexión para no volver a caer en el mismo error.

Y me adelanto a los que vayan a decirme que en la otra acera ha habido también actuaciones provocativas. Eso no debe importarnos lo más mínimo. Lo que debe ocuparnos es nuestra casa, nuestra gente y nuestras formas. Lo demás, nos debe traer sin cuidado. Como dijo Demócrito, “vergonzosa cosa para un hombre ocuparse en los asuntos de los demás e ignorar los suyos”. Pues eso, a lo nuestro.

 

MUJERES BÉTICAS

Reyes Aguilar @oncereyes Pasado el día de la mujer y especialmente el de la mujer bética, quiero contarles que en lo que mi genética dictamina en cuestiones de adn verdiblanco, se lo debo a mi abuela; ambas compartimos nombre y pasión por las trece barras. Ella sabía lo que era ser bética por su padre, acomodador del campo del Patronato por cuyas retinas pasó un Betis de apellidos vascos que supo hilvanarnos en el corazón a rayas verdes y blancas junto a  los goles de Timimi y la genialidad de Andrés Aranda. Mi beticismo es el que es, indestructible y humilde, por mi abuela, por las mujeres de mi familia, por mis amigas béticas, por las béticas de transistor y mesa de camilla y por tantas béticas anónimas con las que me topo cada día, ya sea en el Villamarín o en la vida. Todas ellas, mujeres béticas que alientan mi sentimiento para engrandecerlo; hijas, esposas, cuñadas, madres, hermanas, tías, abuelas o suegras de béticos que te animan a no desfallecer cuando la adversidad se pone en tu contra, que te inculcan ese puro instinto del manquepierda bien interpretado. Matriarcado bético que sabrá perdurar y engrandecer la estirpe bética, de ese tipo de bético que nace, y no se hace.

El Real Betis celebra desde hace años la semana de la mujer bética, un merecido reconocimiento con varias actividades organizadas. Pese a ello, aún queda mucho por hacer, ya que el fútbol sigue constituyendo un espacio mayoritariamente para los varones; todavía hay a quien le escuece la presencia de las mujeres en el fútbol como comentaristas, directivas o jugadoras,  acostumbrados a ver ante las cámaras a las más guapas o a las más semidesnudas en la contraportada de algún periódico deportivo. María Pry, del Betis féminas es la única entrenadora en la Liga Iberdrola, e insiste en la necesidad de seguir trabajando para desterrar tópicos, como la barbaridad de considerar que el fútbol femenino ni es fútbol ni es femenino. “Somos deportistas más allá de hombres y mujeres”, afirma Pry, todo un verdadero lema de la igualdad en el fútbol.

Hay que seguir recordando a las béticas que nos antecedieron para ponérselo más fácil a las que nos precederán reconociendo a las que nos rodean y nos enorgullecen, y seguir trabajando, mejorando y llamando la atención en la sociedad ya sea en base a silbatos morados para los árbitros o sustituyendo el verdiblanco color bético universal de las camisetas por el morado, para conseguir que a las mujeres en el fútbol se nos trate con verdadera igualdad, sin distinción de sexo, (ni de colores, añadiría yo). Más mujeres en las gradas, más mujeres en los despachos, más mujeres en el terreno de juego y más mujeres en los banquillos, y en común a todas, una pasión llamada Betis, de madres a hijos o de abuelas a nietos…

COMO SE QUIERE A UN HIJO

Pablo Caballero Payán @pablocpayan Tenía pensado escribir sobre la situación deportiva del Real Betis Balompié tras disputarse los dos primeros tercios del campeonato pero no me voy a resistir y opinaré sobre lo ocurrido el pasado domingo en las gradas del Benito Villamarín. Vaya por delante que ni me avergüenzo ni siento asco de mi afición, cosa que he leído y escuchado a muchos béticos que se dedican a impartir clases de beticismo.

Para explicar cuál es mi punto de vista utilizaré el símil de la educación que un buen padre debe proporcionarle a su hijo. Creo que todos estaremos de acuerdo en que el cariño que se le tiene a un hijo es lo más bonito y grande que hay en este mundo. Pero no por ello todo son momentos de felicidad absoluta. A un hijo cuando se comporta mal, mete la pata, no atiende a razones y se desvía del camino correcto hay que reprenderle, reñirle y hacerle ver que se está equivocando. El aprendizaje tras las equivocaciones es muy significativo y por eso es fundamental corregir los errores a tiempo para que tu hijo avance y evolucione como persona.

Porque si somos eternamente pacientes, muy condescendientes con ellos, le quitamos importancia a sus malos actos y nos plegamos a sus caprichos, corremos el riesgo de convertir a nuestro hijo en un tirano, en un déspota, en un ser ególatra, en un intransigente e intolerante que no aceptará en el futuro críticas y opiniones distintas a las de él y que no será capaz de admitir sus errores, de rectificar y de pedir disculpas cuando ofenda a alguien. Con este tipo de personas, cualquier intento de evolucionar es un trabajo baldío, pero como es nuestro hijo, le querremos aunque estemos profundamente decepcionados con ellos.

Así pues, al Betis le seguiremos queriendo por mucho que se comporte mal. Y por supuesto, cuando eso ocurra, habrá que hacerle ver al club verdiblanco que se está equivocando. Parece que lo del otro día es la primera vez que ocurre y creo que es una equivocación pensar que la afición bética ha cambiado. Cuando el Betis ha hecho partidos malos se ha pitado y protestado independientemente de la situación del equipo, así que las protestas del domingo no son una nueva tendencia del aficionado bético. Es simplemente la lógica reacción del que ve algo que no le gusta, que considera malo y lo critica. Intentar culpar a las protestas de la afición de los males del equipo es una enorme injusticia.

Es cierto que la situación deportiva no es preocupante y que el objetivo está a un solo punto, pero también es cierto que el conjunto de Setién lleva esta temporada más puntos que juego. De los más de cuarenta partidos disputados por el Betis hasta la fecha podemos contar con los dedos de una mano los que han sido realmente buenos. Creo que el aficionado que protesta ha sido paciente con el equipo y no protestó a las primeras de cambio. Es un error culpar a este sector de la afición de que se dejan influenciar por la biriprensa, porque también podríamos decir que los que ven todo de color de rosas y están encantados con el Betis y su entrenador, están influenciados por periodistas aduladores y que no hacen crítica alguna y que son tan nocivos como los llamados biriperiodistas.

Otra cosa bien distinta es celebrar los goles del rival, que tampoco es la primera vez que sucede. Esto si me parece lamentable, fuera de lugar e inaceptable. Tampoco comparto la opinión de los que piden un cambio en el banquillo de manera inmediata. Es más, pese a que pienso que Quique Setién debe cambiar muchas cosas, mejorar las prestaciones del equipo y no poner excusas banales cuando se pierde, vería lógico y normal que el técnico cántabro siguiera al frente del equipo en la próxima temporada si consigue el objetivo de clasificar al Real Betis para competiciones europeas. Nos podrá gustar más o menos, pero si se alcanza la meta propuesta, habría que darle continuidad al trabajo que se está haciendo.

Creo en la crítica constructiva como medio de crecimiento. Creo que debemos ser más ambiciosos y exigir en su justa medida. Y también es cierto que a veces nos dejamos llevar por la pasión y nos volvemos más viscerales, ocurriendo esto cuando vemos cosas que nos gustan muchísimo o, por el contrario, cuando contemplamos acontecimientos que claman al cielo. Es evidente que debemos remar todos al unísono, pero eso no significa que debamos caer en la autocomplacencia, en el error de pedir continuamente paciencia y en la obcecación de no dar el brazo a torcer y cambiar las cosas que no funcionan.

Ni es más bético el que está encantado con la situación actual ni tampoco lo es el que protesta porque cree que así cambiará las cosas. Cada cual es libre de adoptar la postura que crea más oportuna y justa. Ningún bético en su sano juicio pretende dañar al club y al equipo, a no ser que tenga intereses personales, pero ese es otro tema que merece ser tratado al margen de este. Estoy convencido de que en el próximo partido en casa la afición volverá a alentar al equipo, a darle cariño y ayudarle para que vuelva a ser feliz y nos haga felices a todos. Por eso al Betis se le quiere como a un hijo.