ESTE BETIS NO MERECE IR A NINGÚN SITIO

Real Sociedad 2 (Juanmi y Oyarzabal) – Real Betis 1 (Canales)

JJ Barquín @barquin_julio En Anoeta se esfumaron las pocas posibilidades del Betis de repetir participación europea. Este equipo es un muerto viviente que ni cree en lo que hace y que ha perdido el norte con absoluto descaro. Es culpa de todos. De entrenador y de jugadores, que son los que ganan y los que pierden. Pero en el fútbol es más fácil destituir a uno que a veinticinco y el crédito de Setién está por los suelos. En estos momentos, la única cuestión es saber si seguirá en el banquillo o será relevado por alguien de la casa para no seguir cayendo en picado en las ocho jornadas que quedan hasta llegar a la Avenida de la Castellana.

Comenzó el partido con un Betis decidido, valiente, intenso y buscando la portería de Rulli por la via directa. Sin tanto toque y posesión, el esquema también ayudaba a presionar a la Real que esperaba un defensa de cinco y se encontraba con un 4-2-3-1, con Sidnei como carrilero izquierdo. En los primeros quince minutos las llegadas de Barragán y Tello por banda creaban problemas a los donostiarras aunque la finalización de Canales o Loren se quedaban en papel mojado. Hasta ese momento poco había fabricado la Real, quitando un contrataque de Juanmi, que le costaba la amarilla a Barragán por parar al malagueño de forma incorrecta. 

Tras esta jugada espabiló la Real y llegó con más intensidad, hasta que en un corner -que no tuvo que señalarse- servía a Juamni para encontrar oro ante la quietud de toda la defensa. Puede que no lo merecierá el equipo blanquiazul pero el fútbol no entiende de posesión, ocasiones o justicia. El fútbol son goles y la Real tenía uno en su casillero. Desde ese minuto 18 y hasta el final de la primera parte, el equipo verdiblanco evidenció una falta de confianza brutal en lo que hace sobre el césped. Indecisiones, falta de puntería y poco atrevimiento hicieron que Rulli no pasará muchas dificultades hasta el final.

La segunda parte fue mucho más entretenida y vistosa para un aficionado para el fútbol, aunque de infarto para los seguidores de los dos equipos. Porque los dos fueron a por el partido y la cosa se convirtió en un correcalles. El Betis salío con mucha intensidad y poco tiempo tardó en encontrar el gol en una buena combinación de Lo Celso -desaparecido todo el partido- y Tello, para que el catalán se la pusiera de lujo a Canales para empatar el partido. 

Desde ese minuto 55 y hasta el 75, Anoeta vivió un encuentro loco, de idas y vueltas, de oportunidades en ambas áreas, de penaltis y de goles. En primer lugar, hubo un penalti claro de Barragán a Zubeldia en un corner aunque la más clara la tuvo Joaquín, tras una gran jugada de Jesé pero Rulli hizo la parada de la noche. Por el lado churriurdin, Juamni estuvo a punto de poner el segundo en el marcador tras un garrafal error de Joaquín en un pase. Unos minutos más tarde, el propio Juanmi puso un balón de ensueño a Oyarzabal para hacer el segundo, tras otro error grosero de Laínez. En ese minuto 81 se acabo el encuentro y las pocas posibilidades de entrar en Europa la próxima temporada. 

El Betis ha convertido una ilusionante temporada en una decepción mayúscula. Deben sentarse a pensar los que toman decisiones en el club para que los ocho partidos que quedan sean dignos del escudo de las trece barras. Sobre todo, porque el club puede vivir un sábado de pasión durante demasiadas jornadas hasta verle la cara al Zidane y sus pupilos.

LO MEJOR: La frescura de Jesé en los pocos minutos que tuvo y la calidad de Tello que fue el único que generó algo de peligro.

LO PEOR: La falta de mentalidad y de creencia en lo que hace el equipo. La ausencia física y mental de Lo Celso y de Loren.

Foto: Mundo Deportivo

CIEN ALMAS

Reyes Aguilar @oncereyes El alma es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos, decía Aristóteles. El Real Betis reconoce a sus cien almas más antiguas, definiéndolos como “100 ejemplos de fidelidad, 100 almas dedicadas a ti. 100 vidas en verdiblanco”. Por la retina de estas cien almas habrá pasado el verdiblanco como la ráfaga que tiñe toda una vida, la misma que dobla el junco sin quebrarlo, dejando historias béticas que merecen ser oídas, para nunca olvidar de dónde venimos, para dejar que arraigue esa leyenda que recorre el mundo entero.

Ellos habrán aguantado la respiración ante las zancadas que desde el Polígono de San Pablo, pespunteaban la banda izquierda del viejo Villamarín con medias bajadas, las mismas de quien humildemente reconocía no ser nadie al lado del coriano universal, aquel se marchó dejándonos la enseñanza de ese Betis de verdad, de cercanía, humildad y grandeza, de goles olímpicos y de pierna zurda de caoba. Esas cien almas habrán contado los kilómetros que se hacían aquellos siete pulmones, habrán llorado a Don Benito, contado los carnés de socio en la saca de correos del despacho de Nuñez Naranjo para retener a Cardeñosa y aplaudido a los grandes que desde ultramar, llegaron al Villamarín para escribir la historia propia, como Denilson, Finidi, Anzarda, Lobo Diarte o Hadzibegic escrita con la letra que marcaban la elipse de los goles de falta de Calderón, o la historia ajena, la de Maradona, la de Mágico González, la de Cruyff, Zidane, Ronaldo o el mismísimo Messi, a quien se le aplaudirá siempre porque si el alma bética madurada con la solera de los años sabe de sobra algo es de señorío.

Una de esas cien almas se agarra al cirio verde de su Esperanza cada Viernes Santo y yo me siento afortunada al escucharle hablar de tranvías, de tercera división y de rifas para ayudar a lo que se ofreciese, mientras por su mirada azul asoma ese Betis que aflora en los ojos de sus béticos. Joaquín, con su número cinco de socio acompañado de los noventa y nueve catedráticos del Manquepierda que le acompañaron en el merecido homenaje que el club le brindó, saben del buen hacer de Tenorio, de las redes cosidas subido en su poste y de marcador de palomar al sol de Heliópolis. De las lágrimas sinceras de Pedro Buenaventura, de Rafael Iriondo y de aquel inolvidable verano del 77, de Andrés Aranda y los siete apellidos vascos, del gol de Dani, de Quino, de Telechía y del llorado Gregorio Conejo, quien siempre estaba en la foto sacando beticismo de donde no lo había, y por ser testigos directos de la transformación del club, pasando del deterioro institucional a la modernización. Ellos conocen la historia tras toda una vida latiendo al son del “ala bim, a la bam a la bim, bom, bá” y de ellos debemos aprender para no desfallecer, para no perder nuestra esencia.

Me uno al reconocimiento con orgullo a esas cien almas, embajadores de esa inderrocable moral a prueba de derrotas, que diría el poeta, portadores de ese Betis que solo se ve en los ojos de sus béticos.

(Para Joaquín Real, presidente de la Asociación de Béticos Veteranos, con toda mi admiración)

Foto de Portada: diariodesevilla.es