REFLEXIONAR

JJ Barquín @barquin_julio Ya escribí hace tiempo de la delgada línea roja que separa la gracia y el arte del payaseo y la ridiculez humana. En aquella ocasión, me refería a los vídeos de Joaquín en las redes sociales y su proliferación en los últimos años. La sobreexposición hace que, como el mundo de la fotografía, te termines quemando. Y eso podría pasarle si sigue por el camino que ha elegido últimamente el portuense.

Nadie duda que Joaquín es un jugador excepcional y un profesional sublime. Sus datos así lo refrendan. También es obvio que como capitán le aporta al vestuario una generosa dosis de experiencia y buen rollo, aspectos esenciales para que un grupo humano tenga más cohesión y sinergias. Su papel es fundamental para integrar a los nuevos y agrupar a todo el equipo, pero debería reflexionar seriamente. Su labor es impagable.

Además, el fino extremo tiene ese punto de arte y gracia que destilan los nacidos por tierras gaditanas. Sus vídeos de chistes, bailes e imitaciones pueden tener más o menos gracia; pueden ser más o menos afortunados, pero son parte de su vida personal. Incluso, puede haber alguno que se desarrolle en el ámbito deportivo, en el día a día de las redes sociales del club.

Pero Joaquín debe saber que es el capitán del Real Betis. Y lo es dentro y fuera del campo. Su comportamiento debe ser ejemplar y respetuoso con respecto a sus rivales. Y la noche del jueves su chiste en relación con la eliminación del eterno rival fue desafortunado e inapropiado. La guasa debe quedar en el ámbito de las aficiones y no traspasar al terreno profesional. No es ahora cuestión de fustigar al portuense por esa acción, como han hecho muchos, pero si se hace necesaria una sencilla reflexión para no volver a caer en el mismo error.

Y me adelanto a los que vayan a decirme que en la otra acera ha habido también actuaciones provocativas. Eso no debe importarnos lo más mínimo. Lo que debe ocuparnos es nuestra casa, nuestra gente y nuestras formas. Lo demás, nos debe traer sin cuidado. Como dijo Demócrito, “vergonzosa cosa para un hombre ocuparse en los asuntos de los demás e ignorar los suyos”. Pues eso, a lo nuestro.

 

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