VIOLENCIA DE PALABRA

Nada hay más injusto que buscar premio en la justicia.  Cicerón. Escritor, orador y político romano

JJ Barquín @barquin_julio El pasado 27 de julio de 2017, el juez de lo Penal de la Sala 14 absolvía a Rubén Castro de los malos tratos a su expareja sentimental. El juez señalaba que “había constantes contradicciones en las declaraciones de la joven”, además de “no acreditarse que el jugador hubiera realizado actos de violencia física y verbal, ni una actitud marcada por la imposición de prohibiciones, actitudes de control o sometimiento, violencia o menosprecio”.

Ayer, la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Sevilla confirmó la sentencia del Juzgado de lo Penal número 14 que absolvió al futbolista Rubén Castro por los presuntos malos tratos. En la sentencia, el tribunal rechaza de este modo los recursos que interpusieron la Fiscalía y la acusación particular ejercida por la denunciante contra la sentencia absolutoria.

Tras estas informaciones, es necesario realizar un ejercicio de memoria y retrotraernos a finales del año 2016. En esas semanas, el linchamiento público al que se sometió al futbolista canario fue brutal, demoledor. A muchos personajes, entre ellos algunos televisivos como Carlos Arguiñano o feministas baratas de la gran pantalla como Susana Griso y Ana Rosa Quintana, se les llenó la boca de palabras vanas y juicios llenos de desconocimientos. Son sujetos que representan perfectamente a esos que juzgan sin conocer y hablan sin saber. Pero, dicen que lo que va mal, tiende a ir a peor. Y, el dicho, se cumplió con creces.

Era el 30 de noviembre, cuando la señora María Ángeles Sepúlveda, Directora General de Violencia de Género en la Consejería de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía, hacía unas declaraciones que coparon los medios de comunicación regionales y nacionales. La señora Sepúlveda habló de tener intolerancia antes tales conductas -ya daba por reales los hechos denunciados- y tenía la osadía e imprudencia de solicitar al club y a los compañeros que se aislara al jugador. Apartheid puro y duro, sin anestesia.

A todos se nos supone un mínimo de sentido común. Pero a una persona que desempeña un cargo, ya sea público o privado, se le exigen más virtudes, sobre todo, en una temática tan delicada como es la violencia de género. Pero la señora Sepúlveda quiso anotarse rápidamente un tanto y ponerse la medalla del feminismo, tirando a la basura cualidades como la templanza, la sabiduría, la prudencia, la sensatez y la inteligencia.

Ahora que la Justicia ha dictaminado y fallado definitivamente, espero que todos y cada uno de los que sentenciaron a Rubén Castro, salgan a pedir, como mínimo, disculpas al jugador por el daño individual y social al que fue sometido. Espero que lo hagan públicamente para que dejen en mal lugar al que escribió esa frase que dice que las personas son veloces para juzgar a los demás, pero lentas para corregirse a sí mismas.

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