EL MARKETING ILUSTRADO

JJBarquín @barquin_julio Habría que ser un necio para no reconocer las capacidades y el soplo de aire fresco que han traído Haro y Catalán a un club que olía a naftalina hace poco tiempo. La mejora de las estructuras, la modernización y la profesionalización en todos los estamentos de la institución es un hecho palpable y celebrado por toda la afición. Pero esta semana hemos visto como cerca de 2.000 béticos se veían afectados por una decisión despótica e impropia de un club que busca la profesionalidad.

El comportamiento del club y del consejero Rubiales en la gestión de los cambios provocados por la desaparición de las últimas filas de varias ubicaciones del estadio han supuesto una tremenda decepción para muchos socios. También para mí. Ni la forma de proceder ni la reacción han sido las más idóneas. Todos sabemos que reubicar iba a traer problemas y molestias, pero ni se ha comunicado correctamente ni la respuesta posterior ha sido la más idónea. Si esto lo hace el innombrable de la calle Jabugo lo habríamos crucificado.

Por supuesto, que tenemos que modernizarnos y apostar por activar recursos que hagan ingresar “cash” en el club. Todos queremos ver calidad y cantidad sobre el césped y para eso hay que buscar billetes hasta debajo de las piedras. Hay medios en el mundo empresarial para hacer caja. Por ejemplo, buscar un patrocinador para el estadio y ligar el Benito Villamarín a una gran marca o potenciar las actividades lúdicas en el estadio.

Pero el club y el consejero Rubiales deben saber que no todo vale en el business del club. Las empresas, los patrocinadores o el marketing nunca deben estar por encima del valor más preciado del Real Betis: su afición.  Se debe avanzar e innovar, pero no a costa de los que, año tras año, hicieron grandes esfuerzos para pagar un abono y romperse la garganta apoyando a su equipo. En primera, en segunda y en tercera. Fieles que no merecen este trato. Exprimir los beneficios en detrimento del derecho de uso de sus abonados es un sacrilegio. La afición es intocable.

Por eso, me ha sorprendido estos días leer en las redes sociales a muchos aficionados apoyar la cacicada del club en este tema. Es muy fácil hablar cuando no le toca a uno y dictar sentencia cuando uno ve los toros desde la barrera. Se han demostrado dos cosas: tener muy poca solidaridad y que comienzan a pulular los palmeros del poder.

Mal camino llevamos si el negocio, los billetes y el marketing pisotean a los que desde hace más de un siglo apoyan incondicionalmente al club de sus amores. Mal camino llevamos si el despotismo comienza a instalarse en un club que parecía que tomaba un rumbo correcto, profesional e intachable. No volvamos al todo para el pueblo, pero sin el pueblo. No volvamos a hablar de dictadores.

 

 

 

 

 

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