NUBES DE OTOÑO

JJ Barquín @barquin_julio Ha sido un verano de euforia desmedida. La borrachera de ilusión ha ido in crescendo a medida que Serra anunciaba los fichajes. Los béticos, que somos como somos, nos hemos partido la camisa varias veces. No en un casamiento pero sí en cada partido o entrenamiento de pretemporada, donde las gradas se llenaban e incluso se quedaba público sin poder entrar. Estamos locos de la cabeza o muy aburridos, que el verano es propicio para estas cosas.

Pero es verdad que lo planteado por Serra y Setién ilusiona. Tello, Javi García, Boudebouz, Barragán, Guardado o Sergio León mejoran la plantilla de años pasados. Y no es una impresión personal. Los datos, fríos pero objetivos, hablan a las claras de esa mejora. La pasada semana, un interesante artículo de Kiko Hurtado en Marca, señalaba que el portal Transfermarkt.com había aumentado el valor de la plantilla bética en más de un 30% respecto al año pasado.

Según esta página, experta en estadísticas y tasación de jugadores, la plantilla ha pasado de estar valorada en 68,4 millones de euros a valer 91,1 millones de euros. Serra ha conseguido subir al equipo de la posición 14ª a la 11ª en valoración, superando a clubes como Espanyol, Deportivo, Eibar ó Málaga. En esa curiosa información se destaca que Adán (8), Javi García (7), Tello (8) y Boudebouz (10) son los jugadores franquicia.

La euforia desmedida puede cegarnos y tenemos que ser conscientes que habrá momentos difíciles, bajones de rendimiento y partido malos. Porque si eso es normal en un equipo de fútbol, en el Betis es un signo de identidad. Por algo nos dicen el Curro Romero del fútbol, puesto que durante nuestra historia hemos sido capaces de lo mejor y de lo peor.

Son y serán los momentos para dejar a un lado el corazón y acariciar la razón. Para templar los nervios y el sofocón y pensar con la cabeza. Para saber que ni en agosto éramos los mejores, ni en enero, los peores. Para entender que una temporada es muy larga y saber que debe primar la regularidad, siempre acompañada de serenidad y templanza. Serán los momentos donde vendrán las nubes al Villamarín. Por otoño o primavera, pero seguro que vendrán. De hecho, para los “new-esigentes” ya están aquí.

 

 

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