¡QUÉ FATIGUITA MÁS GRANDE!

Pablo Caballero Payán @pablocpayan Hace diez días escribía sobre lo que me generaba la situación deportiva del Real Betis. Dije que el sufrimiento había dado paso al aburrimiento. Pues hoy, en vista de los últimos acontecimientos, toca escribir sobre lo que me produce el entramado jurídico, societario y accionarial de la entidad verdiblanca.

Fatiga es la palabra que más se acerca a mis sentimientos sobre este tema. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en sus acepciones 1, 3 y 4 hablan de la fatiga como cansancio o hastío, ansia de vomitar y penalidad o sufrimiento, respectivamente. Los muchísimos años que lleva el Betis enredado en temas judiciales, han provocado estas sensaciones. Agravadas, evidentemente, por todos y cada uno de los actores de este sainete, de este esperpento nauseabundo en el que han convertido la vida del club de Heliópolis.

Estoy harto de ver como estos tristes protagonistas han sido incapaces de mirar por el bien del Real Betis Balompié y han buscado, siempre y sin excepción alguna, su lucimiento, patrocinio e interés personal. Así, me dan náuseas cada vez que leo apellidos como Lopera, Oliver, Castaño, Haro, Catalán, Cuéllar, Galera, Borbolla, Tirado, Puerto, Salas, Guillén, Ollero, Plata, Bosch, Estepa…, la lista es interminable. Todos y cada uno de estos han participado en una competición de ombliguismo, de ver quién es el más guapo o, hablando vulgarmente, de comprobar quién es el que la tiene más grande.

Otros protagonistas de este repugnante y fatigoso embrollo son los periodistas. Nuestra querida prensa deportiva sevillana, incapaz de ser objetiva, parcial y sensata, es muy responsable de todo lo que está ocurriendo. Sus mentiras, sus historias y bulos interesados, sus intereses propagandísticos y sus asuntos personales pendientes, le han hecho mucho daño al Real Betis Balompié. Su pestilente e irrespetuosa guerra ha sido lamentable.

Yo no se cuál es la solución de este problema. No me siento capacitado para enjuiciar y catalogar el pacto anunciado el viernes pasado como positivo o negativo. Mi sesera ya no da para más. Por un lado tengo dudas y por otro esperanza de que sea tan bonito como lo venden el Presidente y el Vicepresidente. La solución no se dónde se encuentra. Mejor dicho, si lo se, pero es imposible. Todos y cada uno de los que he nombrado antes deberían sentarse juntos, abandonar sus egos, sus rencillas y sus fobias personales y llegar a un acuerdo común, colectivo y sólido. Pero eso, con personas que anteponen lo suyo al Betis, es una utopía.